
Las Muurhuizen de Amersfoort conservan un barrio medieval a pocos minutos del centro
Una calle residencial de Amersfoort, en los Países Bajos, reúne casas levantadas sobre los antiguos cimientos de la muralla de la ciudad, con estilos arquitectónicos de varios siglos.
Torsade de Pointes — commons.wikimedia.org · CC0
A solo unos minutos del centro de Amersfoort, en los Países Bajos, la calle Muurhuizen ofrece una experiencia que recuerda a la Edad Media. Se trata de una vía tranquila, casi sin tráfico de coches, que sigue siendo un espacio residencial donde viven personas, por lo que los visitantes deben caminar con respeto por el entorno y sin perturbar la vida cotidiana de quienes allí residen.
La calle se entiende mejor a partir de su historia. Alrededor de 1380, el auge económico de la ciudad obligó a Amersfoort a ampliarse y a construir una nueva muralla exterior. La muralla original fue desmantelada y, a partir de 1500, los vecinos empezaron a levantar sus casas directamente sobre los antiguos cimientos, aprovechando la piedra y el ladrillo recuperados de la estructura anterior. Como estas viviendas se construyeron de forma progresiva a lo largo de varios cientos de años, el conjunto no responde a un único proyecto arquitectónico, sino que muestra la acumulación de épocas y modas sucesivas en cada fachada.
Entre los puntos más destacados figura el número 19, conocido como De Bollenburgh, donde vivió durante su infancia Johan van Oldenbarnevelt (1547-1619), una de las figuras políticas más relevantes de la historia neerlandesa. En el número 5-7 se conserva una piedra de remate fechada en 1645 que representa la casa tal como era en aquella época, un testimonio visual que permite comparar el aspecto original del edificio con su estado actual.
Otro de los lugares señalados es el número 97, la llamada Dieventoren, una torre cuadrada y alta que formó parte de las defensas de la ciudad y que funcionó como prisión hasta el siglo XIX. Su presencia recuerda la función militar y penal que tuvo el perímetro urbano durante siglos. Por su parte, el número 177 alberga el pequeño Theehuisje, una casita de té que puede verse al recorrer los alrededores de Blauwebruggang, un enclave que completa el paseo por el barrio.
El conjunto de las Muurhuizen demuestra cómo una ciudad puede reutilizar sus propios restos para crear nuevos espacios de vida. Los materiales de la antigua muralla sirvieron para dar forma a las casas que hoy definen la calle, de modo que el pasado defensivo de Amersfoort sigue presente en cada hilera de fachadas. Para quienes buscan una alternativa tranquila al bullicio del centro, este rincón ofrece un recorrido breve pero cargado de historia.
Fuente: atlasobscura.com
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