Miles de evacuados por los incendios forestales pasan la noche en pabellones deportivos
El avance descontrolado de las llamas ha obligado a familias enteras a abandonar sus hogares con lo puesto. En Villaviciosa de Odón y otros puntos, los refugios improvisados acogen a cientos de personas, mientras la solidaridad vecinal intenta aliviar la angustia y la incertidumbre.

Los incendios forestales que azotan varias provincias españolas han provocado un éxodo masivo de vecinos que han tenido que dejar atrás sus casas «prácticamente con lo puesto», según relatan los propios afectados. El avance descontrolado de las llamas ha llenado pabellones deportivos y polideportivos de decenas de historias de angustia y solidaridad. En el polideportivo de Villaviciosa de Odón (Madrid), los evacuados aguardan con una tremenda preocupación por el destino de sus hogares. «Es horroroso lo que está pasando», lamenta uno de los afectados, que no duda en señalar el origen del desastre: «Tienen mucha culpa el cambio climático, pero sobre todo los recortes que se hacen en prevención y en el tratamiento de los montes».
En la provincia de Ávila, la situación ha sido especialmente angustiosa. Fernando, vecino de Pedro Bernardo —un municipio del Valle del Tiétar con apenas 700 habitantes empadronados—, relata cómo vivieron las horas previas al desalojo forzoso. «El sábado por la mañana mandaron una comunicación por el bando del pueblo y la aplicación del Ayuntamiento avisando de que existía la probabilidad de evacuación. Se veía humo hacia Talavera, pero en el municipio hacíamos vida normal». La tranquilidad duró poco. «A eso de las nueve menos cuarto de la noche, nos pilló haciendo vida normal en los bares y en las calles. Empiezan a sonar todos los teléfonos, llega la alarma de ES-Alert, y nos informan de que tenemos que evacuar en dirección a Talavera o Arenas de San Pedro», cuenta Fernando. La instrucción fue clara: «Todo el mundo a sus casas, a sus coches y a salir zumbando».
El destino de muchos evacuados han sido los polideportivos habilitados en la Comunidad de Madrid y Castilla y León. Allí, hileras de camas instaladas por la Unidad Militar de Emergencias (UME) ofrecen un lugar donde pasar la noche. Los desplazados reciben manutención, artículos de aseo y, sobre todo, asistencia psicológica y social. Para aliviar el profundo trauma de los más pequeños, los voluntarios han organizado proyecciones de películas infantiles y espectáculos. También se han habilitado zonas seguras para las mascotas. «El pueblo se está volcando. Tenemos muchos voluntarios y empresas del municipio dando desayunos y comidas de forma totalmente altruista», relata uno de los coordinadores del dispositivo en Villaviciosa.
En medio de la tragedia, hubo un momento de alegría. En el Centro de Usos Múltiples «Carlos Sastre» de Ávila, la megafonía rompió la negrura de la noche para celebrar dos cumpleaños. A través de los altavoces sonó el «Cumpleaños feliz» para Abel, de 3 años, y Laura, que cumplía 16. Ambos recibieron regalos rodeados de colchonetas y de los voluntarios de Cruz Roja de la Juventud. Un pequeño respiro en medio de la incertidumbre que viven miles de familias.
La catástrofe no solo ha obligado a huir a los vecinos, sino que también ha puesto en jaque a la fauna y al ganado de la zona. En la comarca de Talavera de la Reina (Toledo), diferentes fincas han tenido que improvisar espacios de acogida para dar cobijo a más de 200 animales no domésticos evacuados de las zonas calcinadas. El Centro Ecuestre Antares, en Velada (Toledo), se ha convertido en uno de los epicentros de este socorro animal. Allí han encontrado refugio 23 caballos procedentes de la Yeguada Mater Christi, en Higuera de las Dueñas (Ávila), y de la finca de retiro El Unicornio, en Sotillo de la Adrada (Ávila). «Nos ha sorprendido totalmente. Empezaron a llegar caballos y nosotras, con las manos abiertas, fuimos acogiendo a todos, intentando meterlos donde podíamos y atendiendo las necesidades de cada uno», relata Patricia Camacho, trabajadora del centro.
El cansancio y la incertidumbre se mezclan con el profundo malestar de unos pueblos que se sienten castigados por la burocracia y el abandono. Fernando, desde la distancia, confiesa: «Nos da una angustia tremenda no saber qué nos vamos a encontrar cuando volvamos». Mientras tanto, la solidaridad vecinal y la labor de los servicios de emergencia tratan de hacer más llevadera la espera, mientras el fuego continúa su avance y miles de personas aguardan noticias sobre el estado de sus hogares.


