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Las mujeres ya ocupan el 50,1 % del empleo asalariado en EE UU

El dato marca un cambio histórico, pero no demuestra una conversión masiva de hombres en amos de casa. La clave está en el crecimiento de salud, educación y servicios sociales.

Las mujeres ya ocupan el 50,1 % del empleo asalariado en EE UU
Джерело зображення: Shixart1985 / Wikimedia Commons. На фото: жінка працює з ноутбуком у сучасному офісі.
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Las mujeres representaron el 50,1 % de los trabajadores incluidos en las nóminas no agrícolas de Estados Unidos en julio de 2026. La ventaja es mínima, pero el recorrido histórico es enorme: a comienzos de los años noventa los hombres ocupaban casi siete millones de puestos más que las mujeres.

Indeed Hiring Lab considera que la convergencia actual tiene un componente estructural. Entre febrero de 2025 y febrero de 2026, los empleos ocupados por hombres se redujeron en unos 142.000, mientras los ocupados por mujeres aumentaron en aproximadamente 298.000. El cambio ya no parece explicarse únicamente por una recesión puntual que golpee más a sectores masculinizados.

La composición sectorial es fundamental. Sanidad, educación, asistencia social y otros servicios han mantenido una demanda laboral relativamente más fuerte. Son áreas en las que las mujeres llevan décadas teniendo una presencia elevada. Cuando el empleo nuevo se concentra allí, la participación femenina en el total sube incluso sin una transformación brusca de cada profesión.

Los datos de julio lo muestran bien. La educación privada y la sanidad sumaron unos 25.000 empleos y el conjunto de sanidad y asistencia social añadió 22.600. Al mismo tiempo, el empleo no agrícola total cayó en 23.000 puestos. En un mercado débil, unos pocos sectores resistentes pueden cambiar rápidamente el equilibrio general.

Eso no significa que todo el trabajo tradicionalmente masculino esté desapareciendo. La construcción añadió alrededor de 22.000 empleos en julio y la industria manufacturera unos 5.000. El BLS prevé que el empleo manufacturero agregado cambie poco entre 2024 y 2034, aunque dentro del sector habrá profesiones que crezcan y otras que se reduzcan.

Fortune convirtió el cambio en una imagen cultural: el «stay-at-home boyfriend», el novio que se queda en casa mientras ella sostiene económicamente a la pareja. La idea llama la atención porque rompe con una norma antigua, pero las nóminas no permiten saber cuántos hombres se han convertido realmente en amos de casa.

Los datos familiares más sólidos apuntan a otra transformación. Pew Research Center calcula que en 2025 el 52 % de las parejas heterosexuales con hijos menores tenía a ambos progenitores trabajando a tiempo completo. En 1975 era el 31 %. La proporción de familias con padre a tiempo completo y madre sin empleo cayó del 42 % al 23 %.

La familia de dos ingresos es, por tanto, la gran protagonista. Eso hace más probable que en determinados hogares la mujer gane más, tenga una carrera más estable o sea la persona cuya profesión marque las decisiones del hogar. Pero no equivale a una inversión total de los papeles.

Dentro de casa, el reparto sigue siendo desigual. Entre las parejas con dos progenitores a tiempo completo, el 52 % dice que la madre hace más tareas cotidianas de crianza y solo el 10 % que las hace más el padre. En las tareas domésticas, el 43 % señala una mayor carga de la madre frente al 17 % que señala una mayor carga del padre.

Europa ofrece además un contraste importante. En 2025, la tasa de empleo masculina en la UE seguía superando a la femenina en 9,6 puntos porcentuales. Y en 2024, el 27,8 % de las mujeres ocupadas trabajaba a tiempo parcial frente al 7,7 % de los hombres. No existe, por tanto, un camino único hacia la igualdad laboral.

El dato estadounidense de 50,1 % no anuncia el fin de los hombres como proveedores. Señala algo más profundo: el mercado deja de asignar de manera automática la seguridad económica a los sectores y profesiones históricamente masculinos. A medida que crecen la salud, la educación y los cuidados, también cambia quién tiene el empleo más estable en una pareja. Y después, con más lentitud, empiezan a cambiar las reglas culturales de la familia.