La UME, de la desconfianza inicial a referencia en la extinción de incendios en España
La Unidad Militar de Emergencias (UME) ha pasado de ser recibida con recelo político a convertirse en un pilar fundamental en la lucha contra incendios forestales en España, como demuestra su actuación en el mortal incendio de Los Gallardos (Almería) que ha dejado 13 fallecidos.

La Unidad Militar de Emergencias (UME) ha recorrido un largo camino desde su creación, marcada por la desconfianza política y las críticas iniciales, hasta convertirse en un referente en la extinción de incendios forestales en España. Su actuación en el reciente incendio de Los Gallardos, en Almería, que ha causado 13 muertos y ha arrasado cerca de 7.000 hectáreas, ha vuelto a poner de relieve su papel crucial en emergencias de gran magnitud.
El teniente general retirado del Ejército de Tierra Juan Montenegro, que participó en el germen de este cuerpo, recuerda cómo en sus inicios la UME era denominada despectivamente como «ejército bolivariano de la república de Zapatero». Esta etiqueta, surgida en círculos políticos y militares, reflejaba el recelo que generaba la creación de una unidad militar dedicada a emergencias civiles durante el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Montenegro señala que hubo dirigentes del Partido Popular que «pregonaban a los cuatro vientos» que disolverían la unidad y eliminarían su característica boina amarilla en cuanto llegaran al poder. Sin embargo, el reconocimiento social logrado por la UME tras sus primeras intervenciones logró blindar su continuidad. «Tuvieron la sabiduría política de no ejecutar esa sentencia», afirma el militar retirado, que atribuye esa supervivencia al respaldo ciudadano.
El origen de la UME se remonta al incendio de Riba de Saelices, en Guadalajara, ocurrido en el verano de 2005. Aquel siniestro, provocado por la chispa de una barbacoa, se saldó con la muerte de 11 personas —nueve bomberos y dos agentes forestales— y la quema de 13.000 hectáreas. Las altas temperaturas y el viento alimentaron las llamas, y la gestión del incendio fue objeto de críticas severas por la falta de recursos aéreos y terrestres en las primeras horas. La investigación posterior reveló «fallos en la coordinación y respuesta de los servicios de emergencia», según recuerda Montenegro, que formaba parte del gabinete técnico de la Secretaría de Estado de Defensa y actuó como enlace entre las Fuerzas Armadas y el Gobierno. La respuesta política a aquella tragedia fue la creación de la UME, impulsada por el entonces presidente Zapatero y el ministro de Defensa, José Bono, con el objetivo de disponer de un «elemento de intervención capaz de responder a las emergencias a nivel estatal» y reforzar los medios de las comunidades autónomas cuando la situación superara su capacidad regional.
Desde entonces, la UME ha evolucionado hasta convertirse en una unidad de referencia, tomando como modelo a la seguridad civil francesa, la Brigada de Zapadores Bomberos de París y los batallones de auxilio militar ante catástrofes del Ejército suizo. Montenegro, que fue coronel jefe del Estado Mayor de la UME entre 2009 y 2011, destaca que «hace 21 años los incendios no tenían nada que ver con los de ahora», en alusión a los denominados incendios de sexta generación, caracterizados por su virulencia y rápida propagación. «Las emergencias actuales superan por mucho las capacidades de las comunidades autónomas», advierte, subrayando que «las primeras horas son cruciales para mitigar sus efectos».
El incendio de Los Gallardos, que ha afectado también a las localidades de Bédar y Lubrín, ha puesto de manifiesto la importancia de una activación temprana de la UME. En este caso, la Junta de Andalucía elevó la emergencia al nivel operativo 2 apenas cuatro horas después de declararse el fuego, lo que permitió la intervención de los efectivos militares. Sin embargo, Montenegro critica que algunos gobiernos autonómicos duden en solicitar la ayuda de la UME por considerar que disponen de medios suficientes, algo que no siempre es cierto. «Todos tienen que estar convencidos de que no se puede esperar», insiste. El militar retirado defiende que los directores técnicos de las extinciones no deben escatimar en los plazos para activar a la unidad: «Si luego no hacen falta, se retiran», explica. De hecho, en Los Gallardos, una vez controlada la situación, la emergencia pasó a nivel operativo 1 y los efectivos de la UME comenzaron a retirarse.
El balance del incendio en Almería es trágico: 13 personas fallecidas, en su mayoría residentes de la comarca del Levante almeriense que se vieron atrapadas por las llamas tras no acatar las recomendaciones de las autoridades y huir justo por donde el fuego avanzaba. La mitad de la población de Bédar, junto al lugar donde comenzó el incendio, procede del Reino Unido, y muchos son jubilados que viven en núcleos diseminados. Un total de 1.400 personas han sido desplazadas. Montenegro compara este suceso con el de Guadalajara, aunque señala diferencias: «Entonces no había los recursos suficientes», admite, mientras que ahora los fallecidos pudieron no atender las instrucciones de evacuación. A pesar de todo, el teniente general cree que el fuego de Almería no se parece demasiado al de 2005, aunque la mortalidad haya sido similar.
La trayectoria de la UME demuestra cómo una unidad nacida entre controversias políticas ha logrado ganarse el respeto de la sociedad y de las administraciones. Su capacidad de respuesta, su preparación y su disponibilidad las 24 horas del día la han convertido en un recurso indispensable para afrontar emergencias que, como advierten los expertos, serán cada vez más frecuentes e intensas debido al cambio climático. El reconocimiento social, como señala Montenegro, ha sido el principal blindaje de la UME frente a los intentos de eliminarla, y su actuación en Los Gallardos refuerza esa percepción.


