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La solidaridad con Ucrania y la memoria de Volinia chocan en la política polaca

Czarzasty apoya la entrada de Ucrania en la UE, pero exige reconocer como genocidio la interpretación polaca de Volinia. El contraste resume una relación cada vez más compleja.

La solidaridad con Ucrania y la memoria de Volinia chocan en la política polaca
Джерело: PAP/Marcin Obara, через Polskie Radio
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Polonia puede seguir ayudando a Ucrania frente a la guerra y, al mismo tiempo, exigirle una revisión dolorosa de la historia compartida. Esa aparente contradicción quedó expuesta el 10 de agosto, cuando el presidente del Sejm, Włodzimierz Czarzasty, vinculó el camino ucraniano hacia la Unión Europea con el reconocimiento de lo que Polonia define como genocidio de polacos en Volinia.

Czarzasty habló después de reunirse en Szczawnica con Ruslan Stefanchuk, presidente de la Rada Suprema ucraniana. También dejó claro que apoya la adhesión de Ucrania. Por eso, su mensaje no es un rechazo general a la integración, sino una exigencia dentro de una relación que Varsovia sigue considerando estratégica.

El marco jurídico europeo no ha cambiado. Los criterios de adhesión se refieren a democracia, Estado de derecho, derechos humanos, economía de mercado y capacidad de asumir las obligaciones de la UE. Ucrania ya está negociando y, a mediados de julio, había abierto dos de los seis grandes bloques temáticos.

Sin embargo, Polonia tiene una herramienta política importante: la entrada de un nuevo miembro requiere unanimidad. Una disputa histórica bilateral no necesita aparecer formalmente entre los criterios de Copenhague para influir en una futura decisión polaca.

El debate interno en Polonia explica la dureza de la nueva posición. El 17 de julio, el Sejm aprobó por 441 votos a cero una resolución que honra a las víctimas de crímenes cometidos por nacionalistas ucranianos y utiliza el término genocidio. No hubo votos en contra ni abstenciones.

Además, otro proyecto parlamentario propuso oponerse a la adhesión de Ucrania por la glorificación de responsables de los crímenes de Volinia. El texto fue enviado a comisión y no equivale a una política estatal, pero muestra hasta qué punto la memoria se ha convertido en un asunto de competencia política.

Ucrania, por su parte, ha seguido trabajando en el terreno. Su Instituto de la Memoria Nacional anunció investigaciones y exhumaciones en Ostrivky y Volia Ostrovetska, en la región de Volinia, entre el 13 de julio y el 7 de agosto. Recuperar restos y permitir entierros dignos es una parte concreta del proceso que suele quedar fuera de los titulares.

La trayectoria de Czarzasty demuestra la otra cara del contraste. En febrero firmó con Stefanchuk una declaración a favor de la entrada de Ucrania en la UE. En junio afirmó que esa adhesión era un interés vital para Polonia y advirtió contra la escalada de las disputas históricas.

Ahora sostiene ambas ideas a la vez: Ucrania debe entrar en Europa, pero la historia no puede quedar aparcada. Para Kyiv, eso significa que la integración ya no se mide solo por reformas técnicas, sino también por la capacidad de gestionar la relación política con un vecino que tendrá voto en el resultado final.

El contexto humano de la reunión añade otra capa. Czarzasty y Stefanchuk visitaban a niños ucranianos afectados por la guerra y acogidos temporalmente en Polonia. La ayuda actual y el dolor histórico conviven, aunque el debate público a menudo presente una de las dos realidades como si anulara a la otra.

Czarzasty pidió también reconstruir la confianza y condenó el maltrato tanto de polacos hacia ucranianos como de ucranianos hacia polacos. Esa parte del mensaje es importante porque el conflicto histórico puede transformarse con facilidad en hostilidad contra personas que no tienen ninguna responsabilidad por hechos ocurridos hace más de ochenta años.

El reto para ambos países será evitar dos extremos: usar la guerra para silenciar la memoria o usar la memoria para romper una cooperación estratégica necesaria. Las exhumaciones, los archivos, los lugares de recuerdo y una discusión histórica profesional ofrecen un camino más lento, pero más sólido.

Por ahora, la UE no ha creado una nueva condición y Polonia no ha anunciado un veto formal. Pero Volinia ya forma parte de la política de adhesión. Ese es el cambio más importante: la historia ha dejado de ser un asunto paralelo y empieza a influir en cómo Varsovia imagina el futuro europeo de Ucrania.