La psicología de emergencias advierte sobre los errores al ayudar tras la tragedia de Almería
La psicóloga Nerea Pérez Uria, de la Sociedad Española de Psicología Aplicada a Desastres, Urgencias y Emergencias, explica cómo afrontar una catástrofe como el incendio de Los Gallardos, desmonta mitos sobre el trauma y subraya la importancia de una intervención coordinada y respetuosa.

La consternación se ha extendido por toda España tras el devastador incendio declarado en la localidad almeriense de Los Gallardos, en el municipio de Bédar. El fuego, que avanzó con una rapidez inusitada, ha causado ya más de una decena de víctimas mortales y mantiene a varios vecinos desaparecidos. Muchos de los residentes se vieron obligados a buscar rutas alternativas para escapar de las llamas, pero se encontraron con una trampa mortal, según han relatado algunos supervivientes. En este contexto de máxima preocupación, el 112 ha activado un teléfono de atención psicológica para los afectados, lo que pone de relieve el papel crucial de la psicología de emergencias y catástrofes en situaciones como esta.
Nerea Pérez Uria, miembro de la junta de la Sociedad Española de Psicología Aplicada a Desastres, Urgencias y Emergencias (SEPADEM), ha explicado que, en el momento de una tragedia, el cerebro activa una «respuesta normal de supervivencia». Lejos de lo que muchos piensan, no todas las personas que viven una catástrofe desarrollan un trauma psicológico. «La realidad es que la mayoría experimentará un intenso malestar emocional en los primeros días, pero también se recuperará de forma natural con el apoyo adecuado», señala la especialista. Las reacciones inmediatas pueden incluir shock, incredulidad, confusión, miedo, llanto, hipervigilancia o incluso una aparente frialdad emocional, todas ellas consideradas «reacciones esperables ante una situación extraordinaria».
Uno de los mayores mitos que rodean a las catástrofes es la creencia de que existe una forma «correcta» de reaccionar. Pérez Uria desmonta esta idea al afirmar que «hay personas que lloran, otras permanecen serenas, algunas necesitan hablar y otras prefieren centrarse en ayudar o mantenerse ocupadas. Todas estas respuestas pueden ser completamente normales». Asimismo, advierte que no es necesario hablar de inmediato sobre lo ocurrido para evitar el trauma, otro error frecuente. La psicóloga insiste en que el objetivo de la psicología de emergencias no es realizar una terapia, sino «acompañar, proteger y favorecer una recuperación saludable desde el primer momento». Esto implica brindar seguridad, reducir el impacto emocional, ayudar a las personas a ubicarse, ofrecer información clara, identificar a quienes necesitan atención urgente y trabajar en coordinación con otros servicios de emergencia.
La especialista subraya que la atención psicológica en emergencias no puede improvisarse. «Debe estar integrada en los dispositivos oficiales, coordinada con el resto de los servicios de emergencia y ser prestada por profesionales con formación específica», afirma. Una buena intervención no solo alivia el sufrimiento inmediato, sino que también protege a las personas afectadas, a sus familias y a los propios intervinientes, favoreciendo una recuperación más saludable y reduciendo el riesgo de consecuencias psicológicas a largo plazo. En este sentido, la psicóloga destaca que es tan importante lo que se hace como lo que se evita hacer: no se obliga a nadie a contar lo ocurrido, no se consideran anormales las reacciones habituales y no se actúa por cuenta propia.
Más allá del papel de los psicólogos, los afectados deben afrontar la situación con su entorno, que incluye a familiares, amigos, interventores de emergencias e incluso los medios de comunicación. Pérez Uria advierte que «el mayor error es querer ayudar desde la buena intención, pero sin respetar las necesidades de la persona». Ante la oleada de ayuda que puede recibir una persona afectada, la especialista recomienda dar espacio y dejar que la persona hable cuando esté preparada, evitando frases como «tienes que ser fuerte» o «todo pasa por algo», que podrían agravar su malestar. «Lo que realmente ayuda en las primeras horas es ofrecer una presencia tranquila, escuchar sin presionar, facilitar apoyo práctico e información clara, y respetar el ritmo de cada persona», explica.
Los medios de comunicación también juegan un papel fundamental en estos momentos. Según la psicóloga, «tienen una gran responsabilidad» y deben evitar invadir la intimidad de las víctimas o convertir el dolor en espectáculo, ya que eso puede causar un daño adicional. La intervención respetuosa y coordinada de todos los actores implicados es clave para minimizar el impacto psicológico de una tragedia como la de Almería y para favorecer una recuperación saludable a largo plazo.


