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Identifican el tipo de meteorito «extraño» que causó la extinción de los dinosaurios

Un estudio internacional ha identificado el meteorito que provocó la extinción de los dinosaurios como una condrita carbonácea de la clase Ornans, un tipo de roca espacial extremadamente raro y primitivo, según publica la revista Science Advances.

Identifican el tipo de meteorito «extraño» que causó la extinción de los dinosaurios
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Un equipo internacional de investigadores ha logrado identificar la naturaleza exacta del meteorito que, hace 66 millones de años, desencadenó la extinción masiva que acabó con los dinosaurios no aviares y con el 75% de las especies terrestres. Según un estudio publicado en la revistaScience Advances, el impactador responsable del cataclismo pertenecía a una clase de meteorito «extraño» y extremadamente raro: una condrita carbonácea del tipo Ornans (CO).

La investigación, liderada por la Universidad de Columbia Británica (Canadá) en colaboración con científicos de Francia, Bélgica y Austria, se ha centrado en el análisis de isótopos de níquel de alta precisión en muestras recogidas de una fina capa de arcilla que el impacto dejó repartida por todo el planeta. Esta capa, conocida como límite Cretácico-Paleógeno, es el registro geológico de uno de los eventos más devastadores de la historia de la Tierra.

«Los condritos carbonáceos de la clase Ornans no se parecen en nada a los meteoritos típicos que se encuentran en las colecciones de los museos», explicó el doctor Philippe Claeys, profesor visitante en la Universidad de Columbia Británica y coautor del estudio. «Un meteorito de CO contiene muchos menos elementos volátiles, como carbono, zinc, agua y, sobre todo, azufre, que otros tipos de meteoritos que hemos descubierto hasta ahora en la Tierra». Esta particularidad química, según los científicos, no altera la teoría general sobre la causa de la extinción, pero sí obliga a matizar el papel de ciertos componentes en el desastre.

El hallazgo reduce la probabilidad de que el azufre contenido en el propio impactor fuera el principal agente letal. En su lugar, los investigadores apuntan a que los finos fragmentos de roca y polvo lanzados a la atmósfera durante el impacto habrían sido el factor determinante. Estos materiales habrían bloqueado la luz solar durante años, provocando un colapso global de la fotosíntesis y, en consecuencia, de las cadenas alimentarias, lo que llevó a la extinción masiva.

El meteorito del Cretácico-Paleógeno, que impactó a una velocidad estimada de 64.000 kilómetros por hora, tenía un diámetro de entre 10 y 15 kilómetros. El choque formó el enorme cráter de Chicxulub, que hoy se encuentra enterrado bajo la península de Yucatán, en México. Este cráter, de unos 180 kilómetros de diámetro, es una de las estructuras de impacto mejor conservadas del planeta y ha sido objeto de numerosos estudios desde su descubrimiento.

Las condritas carbonáceas representan apenas el cinco por ciento de todos los meteoritos analizados hasta ahora en la Tierra. Dentro de este grupo, las condritas de la clase Ornans constituyen una fracción minúscula. Los científicos las describen como algunos de los materiales más primitivos e inalterados del sistema solar, ya que han conservado casi intacta su composición original desde la formación de los planetas. Su rareza y su carácter primigenio hacen que cada hallazgo de este tipo sea especialmente valioso para la ciencia planetaria.

A pesar de este avance, aún quedan muchas preguntas sin respuesta sobre el origen exacto del meteorito que cambió el curso de la vida en la Tierra. Entre las posibles fuentes, los investigadores barajan regiones distantes y ricas en escombros del sistema solar exterior, o incluso la zona exterior del cinturón de asteroides, cerca de la órbita de Júpiter. Determinar su procedencia podría ayudar a comprender mejor la dinámica de los cuerpos menores del sistema solar y los riesgos que representan para nuestro planeta.

El estudio no solo arroja luz sobre uno de los eventos más trascendentales de la historia geológica, sino que también demuestra cómo las técnicas analíticas modernas, como la medición de isótopos de níquel, permiten desentrañar secretos que parecían perdidos para siempre. La identificación precisa del tipo de meteorito abre nuevas vías para investigar las condiciones del impacto y sus consecuencias a largo plazo sobre el clima y la biosfera.

La extinción de los dinosaurios, ocurrida al final del período Cretácico, sigue siendo uno de los fenómenos más fascinantes y estudiados de la paleontología. Este nuevo hallazgo, al precisar la naturaleza del proyectil cósmico, acerca a los científicos a una comprensión más completa de cómo un solo evento extraterrestre pudo remodelar por completo la vida en la Tierra, allanando el camino para la evolución de los mamíferos y, eventualmente, de los seres humanos.