Gibraltar y La Línea se preparan para el fin de la Verja tras el acuerdo del Brexit
El miércoles a medianoche se aplicará el tratado entre Reino Unido, España y la UE que integra Gibraltar en el espacio Schengen, eliminando la frontera física y garantizando la libre circulación de personas y mercancías, un cambio histórico que pone fin a más de 300 años de separación.

El próximo miércoles a las 00:00 horas entrará en vigor el tratado firmado entre Reino Unido, España y la Unión Europea que integra a Gibraltar en el espacio Schengen, un cambio histórico que eliminará la frontera física conocida como la Verja y garantizará la libre circulación de personas y mercancías entre el Peñón y el Campo de Gibraltar. Este acuerdo, que es un efecto colateral del Brexit, supone el mayor acercamiento entre ambas orillas en más de 300 años, desde que el Tratado de Utrecht de 1713 blindó la condición británica de La Roca.
La Verja, la única frontera terrestre que el Reino Unido mantiene con Europa, ha sido durante décadas un símbolo de separación y conflicto. Durante la dictadura de Franco, se cerró por completo en 1969 y no fue hasta 1982 cuando la situación empezó a normalizarse. En las últimas décadas, los episodios de tensión entre Madrid y Londres provocaban largas colas y retenciones que afectaban a miles de trabajadores y residentes. Ahora, el tratado establece un marco jurídico estable que, según sus impulsores, no podrá derogarse fácilmente, independientemente del gobierno que esté en el poder.
Lorenzo Pérez Periañez, empresario linense y portavoz del Grupo Transfronterizo, una organización que reúne a once sindicatos y asociaciones empresariales de Gibraltar y el Campo de Gibraltar, ha sido testigo directo de los problemas que generaba la frontera. Recuerda cómo en 2013, tras un conflicto por el lanzamiento de bloques al mar por parte del Gobierno de la colonia para impedir el paso a pesqueros españoles, el entonces ministro de Exteriores, José Manuel García Margallo, elevó los controles en la Verja como represalia. «Hubo trabajadores que tuvieron que esperar seis y siete horas para entrar y los gibraltareños que querían salir a comer al otro lado dejaron vacías todas las reservas», rememora Pérez Periañez, que estos días ha atendido a medios de comunicación de todo el mundo. «En Alemania tienen mucho interés porque les recuerda al muro de Berlín», añade.
El Grupo Transfronterizo nació precisamente a raíz de aquellos conflictos y ha trabajado durante más de una década para lograr un acuerdo que garantice la movilidad. «Fuimos al Parlamento Europeo, nos reunimos con los grupos políticos y enviaron observadores. Hubo quien pensó que cuando nos unimos sindicatos y empresarios de uno y otro lado tenía que ser importante», explica Pérez Periañez. La organización ha estado numerosas veces en Londres, Bruselas y Madrid, y ahora celebra lo que considera «una oportunidad histórica». «Es vital para la economía y también para las relaciones humanas», asegura, y destaca que el tratado proporciona un marco jurídico «que no se puede derogar tan fácilmente, venga el gobierno que venga».
El acuerdo, que se firmó tras años de negociaciones al más alto nivel, evita el escenario que se temía tras la salida del Reino Unido de la UE. «Si se llegan a aplicar en Gibraltar las condiciones de un territorio ajeno a Schengen, habría sido una catástrofe», reconoce Pérez Periañez. El acuerdo de Nochevieja de 2020 salvó una situación crítica, pero fueron necesarios cinco años más para cerrar el statu quo que comenzará a aplicarse el miércoles. La frontera física ya casi no existe, aunque el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, estará este lunes en La Línea para asistir al derribo de las últimas estructuras. Se trata de un acto simbólico, al que seguirá el martes por la noche una ceremonia en el aeropuerto de Gibraltar, donde a partir de ahora se realizará el control de pasaportes, a cargo de policías españoles en calidad de miembros de los cuerpos y fuerzas de seguridad de la UE.
El alcalde de La Línea, Juan Franco, ha sido uno de los actores clave en las negociaciones, que han visto pasar a cinco primeros ministros británicos por Downing Street, pero solo a un presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, y a un ministro principal en Gibraltar, Fabian Picardo. «La inestabilidad ha estado siempre allí», dice Franco en alusión al Ejecutivo británico. El responsable involuntario de esta situación fue David Cameron, que impulsó el referéndum del Brexit del que una mayoría de los británicos, diez años después, se arrepiente. Franco recuerda que en su primera reunión con el ministro de Exteriores español, José Manuel Albares, le dijo que el acuerdo no lo verían ni él ni Albares, pero finalmente se ha logrado.
El tratado beneficiará a los casi 300.000 habitantes del Campo de Gibraltar y a los 34.000 de la colonia británica, que verán garantizada la libre circulación. Para muchos, como Sonia de la Rosa, una cocinera gibraltareña que se hizo viral por su receta de salmorejo en la que mezcla inglés y español con acento gaditano, la desaparición de la Verja supone el fin de una incertidumbre que ha marcado la vida cotidiana. Hasta ahora, si quería comprar tomates de pera en una frutería de La Línea, debía estar atenta a posibles conflictos diplomáticos que pudieran provocar largas colas en la frontera. A partir del miércoles, esa preocupación desaparecerá.


