El campo español afronta una grave falta de relevo generacional y mano de obra
Agricultores de toda España denuncian la creciente dificultad para encontrar trabajadores en el sector primario, un problema que combina factores económicos, sociales y culturales. Juan Francisco Rodríguez, agricultor extremeño, señala las ayudas públicas y el cambio de aspiraciones juveniles como causas clave.

El campo español atraviesa una crisis de mano de obra que se agrava con cada campaña agrícola. Agricultores de distintas regiones vienen denunciando desde hace tiempo la falta de trabajadores para cubrir las necesidades básicas del sector, especialmente en momentos clave como las recogidas o los picos de producción. Según datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) del año pasado, el campo español perdió más de 120.000 empleos, una tendencia que en pleno 2026 se ha consolidado como uno de los grandes retos del sector primario.
Juan Francisco Rodríguez Chamorro, agricultor extremeño, ha puesto el foco sobre este problema durante una intervención en CGU Canal de Orellana. En sus declaraciones, abordó una de las cuestiones más polémicas: el papel de las ayudas públicas. A su juicio, existe un desajuste entre lo que una persona puede percibir sin trabajar y lo que gana realizando labores agrícolas, lo que influye directamente en la falta de trabajadores. «El peor tema de todos son las ayudas», afirmó, aludiendo a situaciones en las que, sumando distintas prestaciones, algunos potenciales trabajadores se quedan muy cerca de los ingresos que obtendrían trabajando en el campo. En ese escenario, el incentivo para aceptar un empleo que implica calor extremo, largas jornadas y desgaste físico resulta, según su visión, insuficiente.
Más allá del factor económico, Rodríguez Chamorro señaló un elemento social que considera clave: el cambio en las aspiraciones de los jóvenes. Criticó que parte de la juventud esté más pendiente de lo que ven en las redes sociales que de desarrollar una profesión tradicional. «La juventud, con TikTok y esos rollos, piensa que va a vivir de las redes sociales como los youtubers», señaló. Según este agricultor, esta tendencia no es exclusiva del campo, sino que afecta a distintos sectores donde empieza a escasear la mano de obra. En su análisis, también criticó la falta de preparación, explicando situaciones en las que algunos trabajadores no están habituados a las condiciones del campo, lo que dificulta su adaptación y rendimiento. Para él, el problema no es solo cuántas personas están dispuestas a trabajar, sino si cuentan con la actitud y la formación necesarias para hacerlo.
El horizonte que dibuja Rodríguez Chamorro no es especialmente optimista. Advierte de que, a medida que se retiren los trabajadores de mayor edad, la situación podría agravarse de forma considerable. «Cuando los mayores de 50 años se vayan, aquí no habrá gente ni para echar gasolina», lamentó, poniendo el acento en la falta de sustitución generacional. Además, no es solo cuestión de falta de mano de obra, sino que los trabajadores cualificados suelen concentrarse en explotaciones más grandes o con mejores condiciones, lo que deja a pequeños agricultores en una posición aún más vulnerable. Rodríguez Chamorro insiste en que el campo necesita perfiles completos: personas que sepan adaptarse, que entiendan el trabajo y que lo desempeñen con eficiencia. Sin embargo, reconoce que encontrar ese tipo de trabajador es cada vez más complicado, lo que incrementa la incertidumbre sobre el futuro inmediato del sector.
La falta de mano de obra en el campo no responde a una única causa, sino a la combinación de múltiples factores que se han ido acumulando con el tiempo. Desde las condiciones laborales hasta el sistema de ayudas, pasando por el cambio de mentalidad de la sociedad, todos ellos influyen en mayor o menor medida. El debate, por tanto, sigue abierto. Mientras algunos reclaman reformas que incentiven el trabajo en el campo, otros apuntan a la necesidad de mejorar las condiciones laborales y dignificar el sector para hacerlo más atractivo. Lo que parece claro es que, sin una respuesta efectiva, el problema seguirá creciendo y existe una auténtica incógnita sobre quién trabajará el campo en los próximos años si no se corrigen las dinámicas actuales.


