Al menos 12 muertos y cientos de evacuados por el incendio forestal de Los Gallardos en Almería
El incendio forestal de Los Gallardos, en Almería, ha causado al menos 12 muertos y ha obligado a evacuar a cientos de personas, muchas de ellas mayores extranjeros que residían en la zona. Los evacuados han sido acogidos en el polideportivo de Garrucha, donde voluntarios y servicios de emergencia les brindan asistencia.

El incendio forestal declarado en la localidad almeriense de Los Gallardos se ha convertido en el mayor desastre forestal del siglo XXI en España, con un balance provisional de al menos 12 fallecidos y 23 personas aún no localizadas. Cientos de evacuados han sido trasladados al polideportivo Vista Alegre de Garrucha, donde aguardan noticias sobre sus hogares mientras el fuego continúa activo y las labores de extinción se centran en proteger los núcleos urbanos.
Las autoridades temen que el número de víctimas pueda aumentar, ya que «sospechamos que pueda haber más personas fallecidas en sus casas a causa del humo. En aquella zona hay muchos extranjeros mayores que viven solos en cortijos», según ha señalado una fuente policial. La mayoría de los evacuados son personas de edad avanzada, muchas de ellas de nacionalidad británica, alemana y de otros países europeos, que residían de forma permanente o temporal en las pedanías de Bédar, Los Gallardos y Alfaix.
En el polideportivo de Garrucha, un centenar de voluntarios se han volcado para atender a los desplazados. «El momento más crítico ha sido cuando a mediodía nos han dicho que venían unas 350 personas más, pero el pueblo se ha volcado. Hay unos 100 voluntarios que han traído agua, comida, hielo. También tenemos preparado el centro cultural del pueblo, donde podríamos alojar a unas 400 personas más», ha explicado Vicente López, concejal de Seguridad y Urbanismo de Garrucha. La solidaridad se ha materializado en una fila de voluntarios que descargan cubetas de un tráiler frigorífico donado por una empresa pesquera local, mientras otros apilan cajas de agua y preparan bocadillos.
Entre los evacuados se encuentra Ingrid, una nonagenaria de Karlsruhe (Alemania), que fue desalojada de su casa en Bédar y ha podido reencontrarse con su marido Jochen, quien llegó al polideportivo tras recibir un tratamiento de diálisis en el hospital. Una psicóloga de Cruz Roja los acompañó hasta la entrada, donde un equipo de voluntarios gestionó su documentación y los trasladó a un hotel en Mojácar para pasar la noche. «Esta noche han dormido aquí unas 80 personas, de las que quedaban 50 a mediodía. Después han llegado unos 200 en autobús desde la pedanía de Alfaix. Toda la tarde ha seguido llegando gente», ha detallado Esther, técnica de Cruz Roja.
Nina, una anciana de 85 años natural de Edimburgo, esperaba sentada la llegada de un vehículo que la llevara a un hotel. Es una de las pocas personas que ha podido llevar consigo un bolso con algo de ropa; la mayoría ha llegado con lo puesto. «No he podido pegar ojo en toda la noche. Desde El Campico, una pedanía de Bédar, veíamos de lejos el fuego, aunque este mediodía han llamado a la puerta y me han traído aquí. Pude llevar a mis dos perros a una perrera en Vera; estoy muy contenta de que están a salvo porque en el hotel no me habrían dejado quedarme con ellos. No sé qué pasará con mi casa, venía una nube de humo negro a mi casa. Todo depende del viento y de Dios, por supuesto», ha relatado.
Mary, de 87 años y natural de Londres, y Maureen, de 88 años y de Cheshire, viven desde hace más de una década en bungalós del camping de Los Gallardos. Fueron evacuadas «con urgencia» por la policía a las cinco de la tarde del jueves y han pasado la noche en el polideportivo. «Fue un caos, nadie sabía lo que estaba haciendo», ha recordado Mary sobre la evacuación. «Fuimos al teatro de Los Gallardos en nuestro coche y luego vinimos aquí. Ella durmió en una camilla, pero yo lo hice en una silla». A pesar de la dureza de la situación, ambas mantienen la calma: «Mucha gente nos ha preguntado si estamos bien», ha dicho Maureen, a lo que Mary ha respondido: «Solo tenemos que ser pacientes, es la edad. El tiempo pasa rápido».
El alcalde de Garrucha, Álvaro Ramos, quien también es agente forestal, ha expresado su dolor ante la magnitud del siniestro: «He llevado esa sierra durante diez años. Se quema una parte de mí. Estaba viendo las llamas y sabía por dónde iba y qué casas estaba afectando». Ramos ha subrayado que «en esta parte del incendio a Garrucha le ha tocado hacer la parte más fácil. Lo que más duele es lo que están pasando en Los Gallardos, Bédar y parte de Antas». El edil ha destacado la labor de los voluntarios y los servicios de emergencia: «Tenemos intérpretes, psicólogos, así que las personas que están aquí desplazadas están bien asistidas. Algunos duele verlos aquí, pero se les atiende con todo el cariño del mundo».
Las labores de extinción se han visto dificultadas por la orografía del terreno y la llegada de la noche, que impide el uso de medios aéreos, esenciales para combatir el fuego. «Se va a echar la noche y cuando se echa la noche ya no puedes trabajar con medios aéreos y los que apagan el fuego son los medios aéreos. Aquí lo más importante, en mi opinión, es que no toque más núcleos urbanos», ha señalado Ramos. Mientras tanto, los evacuados continúan a la espera de poder regresar a sus hogares, aunque muchos temen lo peor. La solidaridad del pueblo de Garrucha y de los voluntarios de Cruz Roja se ha convertido en el principal sostén para quienes han perdido todo o no saben aún si podrán recuperar sus viviendas.


