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Taiwán prepara un gasto de defensa récord para 2027
El Gobierno propondrá una subida de alrededor del 16%, hasta superar NT$1,1 billones. La cifra refleja una política de disuasión cada vez más permanente.

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Taiwán se prepara para dedicar una parte todavía mayor de sus recursos a la defensa. Reuters informó el 9 de agosto de que el Gobierno planea proponer para 2027 un aumento de alrededor del 16% en el gasto de defensa calculado en sentido amplio. El total superaría por primera vez NT$1,1 billones. La propuesta detallada se conocerá previsiblemente el 20 de agosto y después tendrá que recorrer el proceso político y parlamentario.
La cifra necesita contexto. El cálculo taiwanés basado en estándares de la OTAN no coincide con el presupuesto exclusivo del Ministerio de Defensa. Incluye también el gasto de la Guardia Costera, las pensiones de veteranos y programas especiales. En 2026 ese total asciende a NT$949.500 millones, equivalentes al 3,32% del PIB. El presupuesto propio del Ministerio de Defensa es de NT$806.000 millones.
Por eso, el aumento del 16% no significa que todas las compras de armas crezcan en esa misma proporción. Parte del dinero corresponde a obligaciones sociales, seguridad marítima y proyectos que se ejecutan durante varios años. Sin embargo, el mensaje político es inequívoco: el Ministerio de Defensa quiere mantener el esfuerzo al menos en el 3% del PIB y asegurar un crecimiento sostenido.
La decisión nace de una percepción de riesgo que se ha vuelto estructural. Las autoridades militares de Taiwán afirman que la presión del Ejército Popular de Liberación reduce los tiempos de alerta y obliga a preparar fuerzas capaces de seguir operando bajo ataques y perturbaciones. Pekín sostiene, por su parte, que Taiwán es parte de China y rechaza las iniciativas que describe como separatistas. El presupuesto se convierte así en una expresión cuantificable de una disputa política mucho más profunda.
La modernización taiwanesa busca evitar una defensa basada únicamente en plataformas grandes y costosas. El plan especial presentado para 2026–2033 incluía artillería de precisión, misiles de largo alcance, defensa aérea y antimisiles, armas antiblindaje, drones y sistemas antidrones. También incorporaba equipos para sostener las operaciones, herramientas basadas en inteligencia artificial y redes C5ISR, esenciales para conectar mando, sensores y unidades dispersas.
Hay además un esfuerzo por construir capacidad industrial propia. El programa de submarinos es el ejemplo más visible. Tras el prototipo Hai Kun, los documentos oficiales prevén siete unidades adicionales, con un presupuesto total de NT$284.080,8 millones y un horizonte que llega hasta 2038. No se trata solo de tener más buques: el proyecto obliga a desarrollar conocimientos de construcción naval, electrónica, integración y mantenimiento dentro de la isla.
Al mismo tiempo, Taiwán sigue dependiendo de compras en Estados Unidos para una parte importante de su modernización. En mayo, el Parlamento aprobó un marco específico con un techo de NT$780.000 millones para equipos estadounidenses. El Ministerio de Defensa señaló que la norma era más limitada que su propuesta inicial y dejaba fuera algunos proyectos encargados a la industria local y ciertas adquisiciones directas.
Ese debate muestra una tensión política normal en un presupuesto de esta escala. La pregunta no es solamente cuánto gastar, sino qué tipo de defensa financiar. Comprar sistemas probados en el extranjero puede ser más rápido; producir dentro de Taiwán puede mejorar la autonomía y la resiliencia. Invertir en misiles genera capacidad inmediata; invertir en redes, repuestos y reservas puede ser menos visible, pero resultar decisivo si una crisis se prolonga.
Para Europa, el asunto tampoco es completamente remoto. La Unión Europea considera que la paz y la estabilidad en el estrecho de Taiwán tienen importancia estratégica para la seguridad y la prosperidad globales. También describe a Taiwán como un socio económico relevante y un actor de las cadenas de valor internacionales. Una escalada tendría consecuencias que irían mucho más allá de Asia oriental.
El 20 de agosto permitirá comprobar cómo el Gobierno distribuye el incremento. Habrá que observar la parte dedicada a personal, mantenimiento, nuevas adquisiciones, Guardia Costera, veteranos y programas especiales. Después, el Parlamento podrá modificar la propuesta, como ya hizo con otros paquetes de defensa.
Taiwán está intentando resolver una paradoja: gastar más para reducir la probabilidad de tener que combatir. La lógica oficial es que una defensa más resistente eleva el coste de cualquier operación militar y, por tanto, refuerza la disuasión. El riesgo es que cada aumento sea interpretado por el otro lado como una nueva señal hostil. Entre esos dos efectos se jugará la relevancia política del presupuesto récord de 2027.
La política presupuestaria también tendrá que convivir con el tiempo industrial. Muchas capacidades no pueden acelerarse únicamente añadiendo dinero: hacen falta líneas de producción, personal cualificado, pruebas y formación. Esa realidad puede generar una brecha entre la velocidad del debate político y la velocidad de la modernización. Un presupuesto creíble debería reconocer esa brecha y ordenar las prioridades según lo que puede entregarse y emplearse de forma realista.
También habrá que observar la rendición de cuentas. Cuanto mayor sea el esfuerzo permanente, más importante será explicar por qué cada programa aporta valor militar. La disuasión no se mide por el número de contratos firmados, sino por la dificultad que tendría un adversario para lograr sus objetivos. Si el aumento del 16% se traduce en unidades dispersas, mejores reservas y redes más resistentes, el récord tendrá un significado estratégico mucho más concreto.


