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Estados Unidos e Irán intensifican su conflicto en el estrecho de Ormuz

El alto el fuego entre Estados Unidos e Irán se ha roto tras nuevos ataques en el estrecho de Ormuz, donde Washington lanzó una oleada contra casi 180 objetivos militares iraníes y Teherán respondió contra intereses estadounidenses en el golfo Pérsico. La disputa se centra en la quinta cláusula del memorando de entendimiento, que regula el paso seguro de buques mercantes, y en el programa nuclear iraní, mientras ambos bandos mantienen una negociación armada sin visos de resolución.

Estados Unidos e Irán intensifican su conflicto en el estrecho de Ormuz
Fin de la tregua entre EEUU e Irán: ¿Es realmente inevitable una nueva guerra?
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El conflicto abierto entre Estados Unidos e Irán ha entrado en una nueva fase de escalada militar tras la ruptura del alto el fuego que ambas partes habían firmado hace menos de un mes. En apenas 48 horas, el presidente estadounidense, Donald Trump, ordenó una oleada de ataques contra casi 180 objetivos militares iraníes, mientras que Teherán respondió ampliando sus ofensivas contra intereses estadounidenses en el golfo Pérsico. El epicentro de la crisis sigue siendo el estrecho de Ormuz, por donde transita en tiempos de paz el 25% del crudo y el gas natural mundiales, y que se ha convertido en el escenario principal de una disputa que amenaza con enquistarse.

La tregua, que nunca llegó a cumplirse plenamente desde su firma, quedó formalmente liquidada esta semana después de que las fuerzas iraníes atacaran buques que se disponían a cruzar el estrecho. Washington respondió con una nueva ofensiva, y Teherán replicó atacando intereses estadounidenses en la región. Aunque desde la noche del jueves no se han registrado nuevos ataques ni en Ormuz ni en otros puntos de la zona, la tensión verbal se mantiene elevada. Trump amenazó a las autoridades iraníes con tener preparado un millar de misiles para atacar el país si fuera víctima de alguna tentativa de asesinato, mientras que el nuevo guía supremo de la República Islámica, el ayatolá Mojtaba Jamenei, aseguró que la sangre de su padre, el ayatolá Alí Jamenei, será vengada contra los perpetradores del crimen.

El conflicto se inició el pasado 28 de febrero con una ofensiva militar israelo-estadounidense que acabó con la vida del ayatolá Alí Jamenei y de varios miembros de su familia, enterrados esta semana en Irán en una ceremonia multitudinaria. Desde entonces, la guerra ha seguido un guion imprevisible, marcado por la falta de claridad sobre los objetivos de Washington y Tel Aviv. Trump ha insistido en que no busca un cambio de régimen en Irán, pero la dinámica bélica ha generado dudas sobre sus intenciones reales. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ha respaldado las operaciones militares, aunque sin definir un plan estratégico claro.

El principal punto de desacuerdo entre Teherán y Washington desde la firma del memorando de entendimiento es la quinta cláusula del mismo, que establece que Irán adoptará las medidas necesarias para garantizar el paso seguro de los buques mercantes desde el golfo Pérsico hasta el mar de Omán, y viceversa, durante 60 días. Teherán interpreta esta cláusula asegurando que dispone de la responsabilidad exclusiva de establecer las medidas necesarias para garantizar el paso seguro por el estrecho de Ormuz, lo que le lleva a justificar los ataques de la Guardia Revolucionaria contra embarcaciones sin autorización para transitar. Washington, por su parte, considera que Irán ha incumplido el acuerdo al no permitir el libre tránsito marítimo.

A medio y largo plazo, el eje de la negociación será el programa nuclear iraní, como quedó establecido con la firma del memorando. Estados Unidos busca reducir la capacidad militar iraní y reafirmar el control de las rutas marítimas, mientras que Teherán intenta demostrar que conserva capacidad de daño para elevar el costo de cualquier presión. Según el analista político iraní Ehsan Rahimi, «mediante la amenaza sobre los flujos energéticos y los ataques contra instalaciones militares estadounidenses, Irán ha desarrollado una forma de disuasión mediante la imposición de costes. Sin embargo, este instrumento asimétrico también incrementa el riesgo de una respuesta militar, de nuevas sanciones y de un mayor desgaste de la economía iraní».

La escalada actual podría ser, paradójicamente, una forma de negociación armada y no necesariamente el fin del diálogo. Las divergencias entre Irán y Estados Unidos han trascendido lo nuclear y abarcan la libertad de navegación, el régimen jurídico de Ormuz, el despliegue militar estadounidense y la posición regional de Irán. Cada vez que las conversaciones avanzan hacia un compromiso concreto, aparecen discrepancias que afectan a la seguridad, la política interna y la legitimidad de ambos Estados. El paso de las semanas deja cada vez más claro que la disputa tiene como telón de fondo el establecimiento de líneas maestras que regirán el futuro de la región, con un Israel envalentonado por sus éxitos contra el arco de fuerzas proxy patrocinadas por Irán y un Golfo cada vez más desconfiado tanto con Washington como con Teherán.

Desde la perspectiva teórica de la negociación bajo la sombra de la guerra, el reciente alto el fuego no debería interpretarse como una señal de resolución del conflicto, sino como un instrumento para reajustar los costes, evaluar las capacidades de la otra parte y mejorar las respectivas posiciones negociadoras. La situación sigue siendo volátil, y aunque a corto plazo Ormuz estará en el epicentro de la disputa, a medio y largo plazo el programa nuclear iraní será el eje de la negociación. Mientras tanto, la comunidad internacional observa con preocupación cómo un conflicto que comenzó con un ataque selectivo podría derivar en una guerra de escala regional, con consecuencias impredecibles para la estabilidad de Oriente Medio y el mercado energético global.