España denuncia la falta de solidaridad de la UE durante la crisis de Ceuta
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha reclamado por carta una reunión de urgencia de ministros de Interior tras denunciar que varios países han atacado a España y han pedido su exclusión temporal del espacio Schengen durante la crisis migratoria de Ceuta.

La crisis migratoria de Ceuta ha dejado al descubierto el aislamiento de España en el seno de la Unión Europea. Mientras el Gobierno de Pedro Sánchez denuncia que varios Estados miembros han aprovechado la emergencia para atacar a España y solicitar su exclusión temporal del espacio Schengen, las instituciones comunitarias no han hecho anuncios de solidaridad similares a los que sí se produjeron en crisis anteriores.
El presidente del Gobierno ha remitido una carta a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen; al presidente del Consejo Europeo, António Costa, y al primer ministro de Irlanda, Micheál Martin, en su condición de país que ejerce la presidencia rotatoria de la UE. En la misiva pide una reunión de urgencia de los ministros de Interior y denuncia que la actitud de algunos gobiernos está «impulsada por los prejuicios, las noticias falsas, la ignorancia o el interés político». A su juicio, esa postura es contraria al Derecho de la Unión Europea, al Derecho internacional humanitario y a los principios de solidaridad que unen al bloque.
El malestar de Sánchez responde a un contexto político más amplio. España se ha mostrado contraria a la nueva agenda migratoria de la Comisión, marcada por las posiciones de la ultraderecha europea. El Gobierno español es uno de los pocos que se ha opuesto con claridad a las últimas medidas aprobadas en el reglamento del Pacto de Migración y Asilo, que dificultan el acceso de los migrantes a permisos por razones humanitarias, familiares o laborales y abren la puerta a que los Estados miembros establezcan centros de deportación en países situados fuera de la UE, incluso en instalaciones destinadas a familias con menores.
La reacción de las instituciones europeas ante Ceuta ha contrastado con la que hubo en otras crisis. Cuando Polonia, Lituania y Letonia sufrieron la presión migratoria organizada desde Bielorrusia, Von der Leyen se puso en contacto con sus dirigentes para expresarles «la solidaridad de la Unión Europea» y debatir medidas de apoyo. En esta ocasión, la presidenta de la Comisión se ha limitado a calificar de «inaceptables» las imágenes de Ceuta y ha subrayado que «las devoluciones deben ser rápidas, tal como permiten nuestras normas». Ha encargado a dos comisarios que apoyen el control de la situación, pero no ha hecho ninguna llamada explícita a la solidaridad con España.
La dimensión de la crisis en Ceuta da una idea de la gravedad del momento: en solo 24 horas entraron en la ciudad unos 50.000 migrantes, mientras que Polonia registró algo más de 7.500 solicitudes de asilo en 2021 a raíz de la crisis con Bielorrusia. Al día siguiente, cuando la situación ya estaba encauzada y la mayoría de las personas que habían cruzado la frontera habían regresado a Marruecos, Von der Leyen destacó que «ni una sola persona llegó a la España peninsular o al resto de la UE» y ofreció apoyo operativo a España, incluida la colaboración con Frontex.
Detrás de esta falta de solidaridad hay un giro político europeo, según distintos analistas. Un investigador del Centre for European Policy Studies señala que «hay un cambio de la derecha radical, que ha pasado de rechazar la Unión Europea a tratar activamente de remodelarla junto con otros partidos de la misma tendencia, y que constituye una forma de adaptación política». Ese acercamiento ya ha tenido consecuencias en otros ámbitos, como la agenda verde: la Comisión ha rebajado sus ambiciones climáticas con el argumento de la competitividad y han comenzado las negociaciones con el Partido Popular Europeo para flexibilizar los objetivos de emisiones y el veto a los coches de combustión en 2035.
El columnista de Bloomberg Opinion Mihir Sharma apunta que las posiciones a contracorriente del Gobierno español en materia de inmigración, defensa, energías renovables o asunción de deuda europea en el próximo presupuesto plurianual, junto con el buen momento de la economía española, han convertido a Sánchez en un objetivo a batir. Incluso el triunfo de la selección española en el Mundial de fútbol aparece citado como un factor que refuerza esa condición.
La crisis de Ceuta se ha convertido así en un examen para la UE. España reclama que el bloque aplique en la práctica los principios de solidaridad que invoca en sus tratados, mientras una parte de sus socios presiona por una política migratoria más dura y por la externalización del control de fronteras. La respuesta europea determinará si la «ola ultra» contra la inmigración acaba imponiendo su agenda en el conjunto del bloque.


