El documental sobre Miguel Ángel Blanco revela que Aznar autorizó contactos indirectos para evitar su asesinato
Los directores del documental de Netflix sobre el secuestro y asesinato del concejal del PP en 1997 afirman que el entonces presidente permitió gestiones discretas para intentar salvar su vida, aunque la banda terrorista no cedió.

El documental «Miguel Ángel Blanco: Las 48 horas que lo cambiaron todo», que Netflix estrena el próximo viernes, revela que el entonces presidente del Gobierno, José María Aznar, autorizó contactos indirectos con ETA para intentar evitar el asesinato del concejal del PP secuestrado en Ermua en julio de 1997. Así lo han afirmado los directores del trabajo, Jon Sistiaga y Juanjo López, en una entrevista concedida a, donde detallan los entresijos de una investigación que ha recogido testimonios de numerosos protagonistas de aquellos días.
La historia arrancó el 10 de julio de 1997, cuando la banda terrorista ETA secuestró a Miguel Ángel Blanco, un joven concejal del Partido Popular en la localidad vizcaína de Ermua. Los secuestradores lanzaron un ultimátum al Gobierno de José María Aznar: si no se acercaba a los presos de la banda a cárceles del País Vasco, el edil sería asesinado. Pese a la masiva movilización ciudadana que se desató en las siguientes horas, el 12 de julio, pasadas las 16:30, el cuerpo de Blanco apareció en Lasarte con dos disparos en la cabeza. Falleció horas después.
Según Sistiaga y López, Aznar permitió que se establecieran contactos indirectos con ETA durante aquellas 48 horas críticas, con la esperanza de que la banda no consumara la amenaza. «Aznar permitió contactos indirectos para intentar que ETA no asesinara a Miguel Ángel Blanco», explicó Sistiaga, quien subrayó que el entonces presidente autorizó esas gestiones discretas, aunque finalmente no lograron su objetivo. El documental incluye el testimonio del propio Aznar, así como el del entonces ministro del Interior, Jaime Mayor Oreja, y el del ahora rey Felipe VI, que en 1997, como príncipe, se desplazó hasta Ermua para solidarizarse con el pueblo.
La movilización ciudadana fue el gran hito de aquellos días. Miles de personas salieron a las calles de Ermua y de todo el País Vasco para rogar a los terroristas que no mataran al concejal. Los directores destacan que, aunque no se consiguió salvar la vida de Blanco, la protesta masiva marcó un punto de inflexión en la sociedad vasca. «Se perdió el miedo y la sensación de que las cosas eran así y llevaban siendo así 40 años», afirmó Sistiaga. La manifestación, que comenzó de forma espontánea, se extendió rápidamente y contó con el apoyo de partidos políticos, sindicatos y organizaciones sociales, que convocaron concentraciones en toda España.
El documental, que se estrena coincidiendo con el 29 aniversario del secuestro, recoge numerosos testimonios de personas que vivieron aquellos momentos, desde amigos de Miguel Ángel Blanco y su hermana hasta periodistas y fuerzas de seguridad. Entre ellos destaca el relato de Verónica Elorza, periodista de Televisión Española que rompió a llorar en directo al dar la noticia del asesinato. Sistiaga recordó que muchos profesionales de los medios también se quebraron emocionalmente: «Hubo periodistas que se pusieron a llorar en directo, operadores de cámara que dejaron de grabar porque no podían más o que dejaron las cámaras y se pusieron de rodillas con las manos en la nuca también a gritar».
Los directores explicaron que la respuesta ciudadana fue improvisada y emocional. «Todo era nuevo. En aquellas 48 horas improvisamos todos», señaló Sistiaga. La sociedad vasca, que durante décadas había vivido bajo el miedo impuesto por ETA, encontró en aquellos días una fuerza inédita para alzar la voz contra la violencia. El entonces alcalde de Ermua, Carlos Totorika, jugó un papel clave al liderar las movilizaciones y pedir a los ciudadanos que no se callaran.
Sin embargo, la banda terrorista no cedió. Según los testimonios recogidos en el documental, el secuestro recayó en Francisco Javier García Gaztelu, alias «Txapote», un miembro de ETA considerado un psicópata por las fuerzas de seguridad. «Cuando hemos hablado con las fuerzas de seguridad todos nos decían lo mismo, que la mala suerte es que recae en Txapote, que era un psicópata. Y era alguien que no se iba a dejar llevar por esa especie de corriente o presión de la gente que por primera vez dice 'hasta aquí, basta'», explicó López.
El documental también aborda el impacto emocional que tuvo el asesinato en la sociedad española. Sistiaga recordó que, pese a que muchos eran optimistas sobre la posibilidad de que la movilización lograra salvar a Blanco, el entorno abertzale y los colectivos de refugiados eran muy pesimistas. «Yo de alguna manera empezaba a ver que algo había cambiado en aquellas 48 horas y que ETA había cometido un fallo de estrategia como organización que se dedica a utilizar la violencia y no había medido el impacto emocional que estaba teniendo esa acción», afirmó.
El estreno del documental, que se produce casi tres décadas después de aquellos hechos, busca mantener viva la memoria de lo ocurrido y recordar el papel de la ciudadanía en la lucha contra el terrorismo. Los directores esperan que el trabajo sirva para que las nuevas generaciones conozcan una historia que marcó un antes y un después en la historia reciente de España.


