
András Baka pasa de juez apartado a presidente de Hungría
El Parlamento lo eligió con 140 de 146 votos emitidos. Su regreso convierte una antigua disputa sobre la independencia judicial en símbolo del cambio político tras la derrota de Orbán.
MTI Fotó: Kovács Tamás
La política húngara ha completado uno de sus giros más llamativos. El Parlamento eligió el 11 de agosto a András Baka, de 73 años, como nuevo presidente de la República. El antiguo presidente del Tribunal Supremo recibió 140 de los 146 votos emitidos; seis fueron contrarios. Está previsto que jure el cargo el 19 de agosto.
La escena tiene un contraste difícil de ignorar. Baka ya ocupó uno de los puestos más altos del Estado cuando fue elegido presidente del Tribunal Supremo en 2009. Antes había trabajado durante muchos años como juez del Tribunal Europeo de Derechos Humanos.
Su etapa al frente de la justicia húngara terminó antes de tiempo después de que criticara públicamente varias reformas impulsadas durante el gobierno de Viktor Orbán. La reorganización que convirtió el Tribunal Supremo en la Kúria modificó las reglas de la institución y puso fin anticipado a su mandato.
Baka llevó el caso a Estrasburgo. En 2016, la Gran Sala del Tribunal Europeo de Derechos Humanos concluyó que Hungría había vulnerado derechos protegidos por el Convenio en el caso Baka contra Hungría. Su nombre quedó desde entonces ligado al debate europeo sobre independencia judicial y límites al poder de las mayorías parlamentarias.
Ahora el poder político ha cambiado de manos. Tisza, el partido de Péter Magyar, logró una mayoría de dos tercios en las elecciones del 12 de abril. Magyar se convirtió en primer ministro y terminó con los 16 años de Orbán al frente del Gobierno. La nueva mayoría ha iniciado una revisión rápida de instituciones y normas asociadas con el periodo de Fidesz.
La presidencia forma parte de esa transformación. Tamás Sulyok dejó el cargo tras un procedimiento constitucional en julio. La elección de Baka ofrece a Tisza una imagen potente: el juez cuya carrera fue interrumpida durante la construcción del sistema de Orbán vuelve como jefe del Estado cuando ese sistema empieza a desmontarse.
Pero el contraste también funciona en la otra dirección. Tisza dispone hoy de una mayoría constitucional capaz de cambiar reglas con gran rapidez. Fidesz, ahora en la oposición, boicoteó la votación y acusa al nuevo Gobierno de utilizar de forma abusiva ese poder. La cuestión de fondo es si Hungría está sustituyendo un bloque dominante por otro o construyendo límites que valgan para todos.
El presidente no dirige el Ejecutivo y sus funciones son principalmente representativas, aunque interviene en el proceso legislativo. Por eso Baka puede convertirse en un contrapeso relevante si la mayoría aprueba nuevas reformas constitucionales o judiciales controvertidas.
En su primer mensaje tras la elección, Baka evitó celebrar el momento como una revancha personal. Habló de neutralidad, de superar divisiones y de no convertir el cambio político en venganza. También subrayó la pertenencia europea de Hungría. El 19 de agosto comenzará la parte menos simbólica de la historia: tendrá que demostrar si la independencia que defendió como juez también guía su conducta frente a una mayoría política que comparte buena parte de sus objetivos declarados.
