El negocio de los vasos reutilizables en festivales: fianzas que nunca se devuelven
Los vasos reutilizables en festivales españoles se han convertido en un lucrativo negocio para las promotoras, que cobran fianzas de hasta 2,5 euros por unidad sin que la mayoría de asistentes las recupere, según denuncian organizaciones de consumidores.

Con la llegada del verano, España entra en su temporada alta de festivales de música, donde un elemento se ha vuelto omnipresente en las barras de todos los recintos: el vaso reutilizable de polipropileno. Comercializado bajo el discurso de la sostenibilidad ecológica, este producto esconde una realidad que afecta directamente al bolsillo de los asistentes. Lo que nació como una medida de economía circular se ha transformado en un negocio privado para las grandes promotoras musicales, que aprovechan vacíos legales para retener fianzas millonarias.
Los vasos reutilizables son estructuralmente más gruesos y pesados que los de un solo uso, lo que implica un mayor consumo de materia prima y energía en su fabricación. Están hechos principalmente de polipropileno (PP), un plástico resistente y apto para uso alimentario. Para que su huella de carbono se compense, estos recipientes deben reutilizarse entre diez y quince veces, según análisis internacionales del ciclo de vida. Sin embargo, la mayoría de los asistentes no devuelven los vasos al final de la jornada, lo que convierte el balance ecológico en desastroso: en lugar de reducir la contaminación, se genera un impacto superior al del modelo tradicional.
La normativa sobre envases impulsa la reducción de residuos plásticos, pero su aplicación en eventos ha dejado vacíos legales que las corporaciones aprovechan. Al estampar logotipos del festival o de marcas patrocinadoras, se incentiva el coleccionismo entre el público, que percibe el vaso como un recuerdo. Este mecanismo psicológico permite a las promotoras retener las fianzas cobradas previamente, que oscilan entre 1,5 y 2,5 euros por unidad. El coste real de cada vaso para el organizador es de apenas 0,25 a 0,30 euros, lo que deja un margen de beneficio colosal cuando se multiplica por los cientos de miles de asistentes.
La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) y FACUA han denunciado estas prácticas como abusivas. Cobrar una fianza por un elemento indispensable para consumir la bebida vulnera los derechos del consumidor, según estas organizaciones. Además, la devolución del depósito se convierte en una odisea: las filas para entregar los vasos suelen ser largas, con pocos puntos de recogida mal señalizados y ubicados en zonas remotas. Muchos asistentes, cansados tras largas jornadas de música, optan por no recuperar su dinero, lo que engorda aún más los ingresos de las promotoras.
El impacto ambiental también es cuestionable. Si los vasos no se devuelven, terminan en la basura común o acumulados en estanterías domésticas, sin cumplir su función circular. Esto contradice el discurso ecológico de los festivales, que promocionan estos envases como una solución sostenible. En realidad, el sistema actual fomenta el consumo de plástico sin garantizar su reutilización efectiva, lo que genera un problema ambiental y económico para los asistentes.
Ante esta situación, las asociaciones de consumidores exigen una regulación más estricta que obligue a las promotoras a garantizar la devolución de las fianzas y a informar claramente sobre el coste real de los vasos. También reclaman que los puntos de recogida sean suficientes y estén bien señalizados, y que se limite el precio de los depósitos a un importe razonable. Mientras tanto, los asistentes a festivales deben ser conscientes de que el vaso reutilizable no es un recuerdo gratuito, sino un producto por el que pagan un sobreprecio que rara vez recuperan.
El debate sobre los vasos reutilizables en festivales refleja una tendencia más amplia en la industria del entretenimiento: la sostenibilidad se utiliza a menudo como herramienta de marketing, sin que las prácticas reales respalden el discurso. Para que la economía circular funcione, es necesario que todos los actores —promotoras, asistentes y administraciones— asuman su responsabilidad. De lo contrario, el vaso reutilizable seguirá siendo un negocio redondo para unos pocos a costa del bolsillo y del medioambiente.


