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Ormuz vuelve a poner precio global a una negociación entre Trump e Irán

Irán ha vinculado la apertura completa del estrecho con el fin del bloqueo, sanciones, retirada militar y compensaciones. La incertidumbre mantiene vivo el riesgo para petróleo, transporte y costes de consumo.

Ormuz vuelve a poner precio global a una negociación entre Trump e Irán
NAVCENT Public Affairs / U.S. Central Command / DVIDS
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La nueva disputa sobre el estrecho de Ormuz no es solo una historia de política exterior. Es también una historia sobre cómo se forma el precio de la incertidumbre. Estados Unidos quiere una vía marítima plenamente abierta. Irán quiere convertir ese objetivo en una negociación sobre sanciones, tropas, bloqueo naval y daños de guerra.

The Wall Street Journal informa de que Donald Trump llevaba semanas preparando una posible salida más sencilla del conflicto. Según funcionarios estadounidenses citados por el diario, el presidente había planteado en privado la posibilidad de terminar la guerra sin un acuerdo nuclear si Teherán reabría completamente Ormuz.

La idea tenía una lógica económica clara. Un estrecho estable reduce el riesgo de interrupciones en uno de los corredores petroleros más importantes del mundo. También ofrece una señal política fácil de explicar: los barcos vuelven a circular con normalidad y disminuye la presión sobre los precios de la energía.

Irán respondió el sábado con una lista de condiciones mucho más amplia. Su Consejo Supremo de Seguridad Nacional exige que Estados Unidos deje de amenazar al país, ponga fin de forma permanente a la guerra contra Irán y sus aliados, levante el bloqueo naval y retire fuerzas de los alrededores de territorio iraní.

Teherán también pide una compensación completa por los daños de la guerra, el levantamiento de todas las sanciones y la liberación de activos congelados. Así, el acceso marítimo deja de ser una cuestión separada y pasa a funcionar como moneda de cambio frente a los principales instrumentos de presión de Washington.

Los datos ayudan a entender por qué. La Administración de Información Energética de Estados Unidos calcula que por Ormuz pasaron unos 14,6 millones de barriles diarios de crudo y productos petrolíferos en el primer trimestre de 2026. En el cuarto trimestre de 2025, el volumen había sido de unos 20,7 millones de barriles diarios.

Las interrupciones de este año ya han tenido consecuencias. La EIA relacionó los problemas de suministro del segundo trimestre con una fuerte volatilidad del precio del petróleo. Cuando una ruta de esta escala se vuelve incierta, el coste no se limita al barril: suben los riesgos de transporte, seguros y planificación.

Eso no significa que Ormuz esté hoy completamente cerrado. Axios cita a un funcionario estadounidense que estima que unos ocho millones de barriles de petróleo salen cada día del Golfo por el carril sur del estrecho en coordinación con las fuerzas estadounidenses. Es un flujo importante, pero funciona bajo condiciones extraordinarias.

Irán y Omán también están cerca de cerrar un acuerdo sobre nuevas rutas marítimas, según Associated Press. Teherán insiste, sin embargo, en que esas rutas no equivalen a la reapertura total. El mensaje es que puede facilitar parte del comercio sin renunciar a su poder negociador sobre el estatus completo del estrecho.

Para los consumidores españoles, la conexión pasa sobre todo por el mercado global. El precio final del combustible depende de muchos factores —impuestos, refinado, inventarios, tipo de cambio— y no debe atribuirse cada movimiento directamente a Ormuz. Pero una crisis prolongada en un corredor de esta magnitud añade riesgo al sistema.

Ese riesgo también puede llegar a los vuelos, al transporte de mercancías y a sectores con alto consumo energético. Una parte de la inflación puede originarse en costes que comienzan lejos de Europa pero se trasladan por cadenas de suministro internacionales.

Washington mantiene por su parte el bloqueo naval, reactivado en julio. Trump dijo después que seguía vigente. Irán exige ahora que se levante como condición para una reapertura completa. Estados Unidos quiere libertad de navegación sin perder un instrumento que considera útil para presionar a Teherán.

El domingo, Trump rebajó el tono militar en una conversación con Axios. Dijo que Estados Unidos estaba reduciendo la intensidad del enfrentamiento y solo negociaba parcialmente. Su argumento central fue que Irán sufre inflación y problemas financieros. La Casa Blanca parece apostar por el tiempo y la presión económica.

Irán apuesta por otro reloj. Gregory Brew, experto de Eurasia Group citado por The Wall Street Journal, considera que Teherán cree que Trump quiere salir de la guerra y está centrado en Ormuz. Si esa percepción domina la negociación, Irán tiene incentivos para mantener exigencias elevadas.

Por eso un acuerdo técnico puede ser más probable que una solución política completa. Nuevas rutas podrían aumentar el tráfico y reducir parte de la prima de riesgo sin resolver sanciones, compensaciones o presencia militar. Para el mercado, sería una mejora; para Trump, no necesariamente el final limpio que buscaba.

La clave económica será la previsibilidad. Un estrecho que funciona bajo reglas estables vale más para empresas y consumidores que uno por el que circulan muchos barriles hoy pero cuyo régimen puede cambiar mañana. Mientras la reapertura completa siga vinculada a una negociación tan amplia, esa previsibilidad seguirá incompleta.