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España lidera la devastación por incendios en la UE con más de 72.000 hectáreas quemadas

España es el país europeo más castigado por el fuego en lo que va de año, con más de 72.000 hectáreas calcinadas, según datos del programa Copernicus. El incendio de Orés, en Zaragoza, es el foco más devastador, con 12.000 hectáreas activas. La crisis evidencia la necesidad de una gestión forestal más activa ante el cambio climático.

España lidera la devastación por incendios en la UE con más de 72.000 hectáreas quemadas
Más de 72.000 hectáreas quemadas: España es el país europeo más castigado por el fuego en lo que va de año
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España se ha convertido en el país de la Unión Europea más afectado por los incendios forestales en lo que va de año, con más de 72.488 hectáreas calcinadas, según los datos del programa europeo Copernicus. Esta cifra supera ampliamente a las de otros países del sur de Europa, como Francia, con unas 41.000 hectáreas, y Portugal, con cerca de 28.000. La magnitud de la devastación sitúa a España en una posición crítica en el contexto europeo, con 336 incendios registrados hasta la fecha, una cifra que ya se acerca a los 350 contabilizados durante todo el año anterior.

El foco más devastador de la última semana se localiza en la provincia de Zaragoza, donde el incendio forestal declarado en Orés es responsable de 12.000 de las 14.000 hectáreas que actualmente arden en todo el territorio español. Las extremas condiciones meteorológicas, con fuertes rachas de viento y una sequedad extrema, han dificultado las labores de extinción y han convertido el monte aragonés en un auténtico polvorín. Los equipos de emergencia trabajan sin descanso para perimetrar un fuego que avanza peligrosamente, con decenas de medios aéreos y brigadas terrestres desplegados para frenar el desastre ecológico en esta comarca zaragozana.

Los datos satelitales europeos, que utiliza el Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales (EFFIS), contrastan notablemente con los informes del Ministerio para la Transición Ecológica. Mientras que los datos oficiales españoles, cerrados al 5 de julio, contabilizaban cerca de 50.750 hectáreas arrasadas, las estimaciones de Copernicus reflejan una diferencia de más de 20.000 hectáreas. Esta discrepancia se debe principalmente al desfase temporal y metodológico: Europa mide desde el espacio en tiempo real, mientras que el Gobierno consolida la huella tras extinguir los fuegos. Las estimaciones satelitales han captado el brutal impacto de las masivas olas de calor de julio, que en apenas las dos primeras semanas de verano sumaron más de 17.000 nuevas hectáreas calcinadas en España.

La actual campaña de incendios está siendo excepcionalmente agresiva y destructiva. Las estadísticas acumuladas desde enero revelan que la superficie quemada duplica sobradamente los registros del mismo periodo del año anterior. El incremento no solo se hace patente en la extensión total, sino en la intensa virulencia de los episodios. Hasta la fecha se han registrado quince grandes incendios forestales, frente a los seis del año anterior. Entre ellos destaca el tristemente acontecido en Los Gallardos (Almería), que ha dejado 13 personas fallecidas. Estos grandes incendios, clasificados así por superar las quinientas hectáreas arrasadas, complican enormemente la labor de extinción debido a su comportamiento errático y explosivo, que los hace prácticamente imparables durante las primeras jornadas de avance incontrolado.

El impacto global sobre los ecosistemas es incalculable y tardará muchas décadas en recuperarse. Las llamas han devorado inmensas extensiones de matorral y monte abierto, alterando drásticamente el paisaje de las áreas rurales. Además, el fuego se ha llevado por delante más de 11.000 hectáreas de dehesas y 10.000 hectáreas de valiosa superficie arbolada madura. La destrucción sistemática de estos hábitats supone un golpe letal para la fauna salvaje autóctona y representa una catástrofe económica profunda para las poblaciones ganaderas y agrícolas que dependen íntegramente de estos montes.

El verano comenzó de la peor manera imaginable y las previsiones a corto plazo no son alentadoras. Solo desde el 21 de junio, arranque del estío, ardieron 11.000 hectáreas según los limitados registros oficiales peritados. La Agencia Estatal de Meteorología mantiene hoy las alertas de máximo nivel en gran parte de la península. Este calor asfixiante, sumado a la grave sequía acumulada, mantiene el peligro de ignición en niveles récord. Las autoridades insisten en pedir máxima responsabilidad ciudadana en el medio natural, ya que cualquier chispa accidental de maquinaria agrícola o un pequeño descuido humano puede desatar un desastre incontrolable en escasos minutos.

El avance del cambio climático está endureciendo y adelantando las olas de calor en la región mediterránea, conformando el caldo de cultivo ideal para generar mega-incendios forestales cada vez más letales. Los ingenieros forestales advierten que apostar únicamente por la extinción ya no es suficiente. Es vital implementar estrategias de limpieza del monte y gestión activa durante los fríos meses invernales. Mientras el trágico fuego de Orés sigue tiñendo el cielo de humo, España consolida su amargo liderazgo con más de 72.000 hectáreas convertidas en ceniza, enfrentándose a una de sus peores cicatrices históricas.