Berkshire empieza a mover su gigantesca reserva de efectivo
La compañía de Greg Abel vuelve a ser compradora neta de acciones, invierte 10.000 millones de dólares en Alphabet y destina unos 4.500 millones a recompras.

Berkshire Hathaway llevaba años acumulando una reserva de liquidez tan grande que el efectivo se había convertido en una de las principales historias de la compañía. En el segundo trimestre de 2026, esa dinámica cambió: el conglomerado redujo el colchón y volvió a comprar más acciones de las que vendía.
Entre abril y junio, Berkshire adquirió aproximadamente 23.500 millones de dólares en acciones cotizadas y vendió cerca de 3.700 millones. El saldo fue de unos 19.800 millones de dólares en compras netas. Es el primer trimestre con ese resultado después de catorce trimestres consecutivos de ventas netas.
La mayor inversión conocida fue Alphabet. A comienzos de junio, una entidad afiliada a Berkshire acordó una colocación privada por 10.000 millones de dólares. Los documentos presentados ante la SEC detallan más de 14,2 millones de acciones de clase A y más de 14,3 millones de clase C. Alphabet estaba captando una cantidad mucho mayor de capital para ampliar su infraestructura de inteligencia artificial y capacidad de cómputo.
Berkshire también volvió a invertir en sí misma. La compañía había reanudado la recompra de acciones el 4 de marzo, después de casi dos años de pausa. En el segundo trimestre gastó unos 4.500 millones de dólares en sus propios títulos. Para Berkshire, la recompra suele funcionar como una decisión de inversión: si la dirección considera que la valoración es atractiva frente a otras alternativas, reduce el número de acciones en circulación.
El tercer frente fue Taylor Morrison. Berkshire acordó comprar el constructor residencial estadounidense por 72,50 dólares por acción. La cifra de 6.800 millones que aparece con frecuencia corresponde al valor del capital; el valor de empresa se sitúa en torno a 8.500 millones. La operación se cerró el 24 de julio, después del trimestre, por lo que no debe mezclarse con el descenso de liquidez registrado al 30 de junio.
La reserva pasó de unos 397.400 millones de dólares a finales de marzo a alrededor de 365.000 millones a finales de junio. Las fuentes publican pequeñas diferencias según cómo contabilicen el efectivo, los equivalentes, las letras del Tesoro y determinadas operaciones pendientes de liquidación. Pero la conclusión no cambia: el enorme saldo dejó de crecer y se redujo en decenas de miles de millones.
Aun así, Berkshire continúa siendo extremadamente conservadora. Su política oficial establece que el conjunto de efectivo, equivalentes y letras del Tesoro de corto plazo no debe caer por debajo de 30.000 millones de dólares. La reserva real sigue siendo más de diez veces superior a ese mínimo.
Los negocios del grupo también aportaron fuerza. El beneficio neto del trimestre fue de unos 25.670 millones de dólares, más del doble que un año antes, impulsado en gran medida por ganancias de inversión. El beneficio operativo, menos expuesto a la volatilidad bursátil, subió alrededor de un 16% hasta 12.980 millones. Las actividades industriales y minoristas mostraron un desempeño especialmente sólido.
El cambio coincide con la llegada de Greg Abel a la dirección ejecutiva a comienzos de 2026. Warren Buffett dejó el puesto de CEO, pero continúa como presidente del consejo. Por eso los inversores observan cada movimiento como una posible pista sobre el estilo de la nueva etapa.
Michael Burry ya ha expresado una lectura escéptica. MarketWatch informó de que escribió en Substack que ya no considera Berkshire una inversión atractiva de cara al futuro. Es una opinión sobre rendimientos futuros, no un hecho comprobable hoy.
El contraste define bien el momento. Para algunos, Berkshire por fin está usando un exceso de liquidez que podía lastrar la rentabilidad. Para otros, la presión por demostrar actividad tras Buffett puede llevar a pagar demasiado. Los datos solo permiten afirmar que la compañía está usando más capital; no permiten asegurar que haya abandonado su disciplina histórica.
La pregunta ahora no es si Berkshire tiene dinero para seguir comprando. Lo tiene. La cuestión es si podrá encontrar suficientes activos capaces de absorber decenas de miles de millones sin reducir la calidad de los retornos.
Hay una razón por la que esta historia trasciende a los accionistas de Berkshire. El grupo funciona como un laboratorio de una cuestión que afecta a muchas empresas maduras: cuánto dinero conviene mantener disponible y cuándo empieza a ser más eficiente invertirlo. La diferencia es la escala. Berkshire toma esa decisión con cientos de miles de millones de dólares sobre la mesa.
Alphabet representa una respuesta asociada al nuevo ciclo tecnológico. La inversión coloca capital de Berkshire en una compañía que está construyendo infraestructura para la IA a gran velocidad. Taylor Morrison representa el extremo más tangible: vivienda, construcción y un negocio que Berkshire controlará directamente. La recompra de acciones ocupa un tercer lugar, porque no añade una empresa nueva sino que aumenta la participación relativa de los accionistas existentes.
Cada opción tiene un coste de oportunidad. Mantener letras del Tesoro conserva flexibilidad y seguridad; comprar acciones añade riesgo de mercado; adquirir una empresa reduce liquidez pero ofrece control; recomprar títulos depende de si Berkshire está barata o cara respecto a su valor. El nuevo CEO no necesita elegir una sola fórmula, sino comparar esas alternativas continuamente.
Por eso el trimestre no debería presentarse como un giro de 180 grados. Berkshire conserva alrededor de 365.000 millones de dólares y mantiene un mínimo formal de 30.000 millones. La empresa ha acelerado, pero todavía puede frenar. Esa capacidad de cambiar de ritmo puede ser más importante que cualquier compra individual.
Los próximos años dirán si fue un cambio estructural o una coincidencia excepcional de oportunidades. Si Abel sigue desplegando capital y los activos adquiridos generan buenos retornos, 2026 quedará como el inicio de una etapa más activa. Si la caja vuelve a crecer, el mensaje será distinto pero no necesariamente negativo: Berkshire habría demostrado que puede comprar mucho cuando encuentra valor y volver a esperar cuando no lo encuentra.


