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Accell se rompe tras el boom de la bicicleta y pone en juego marcas históricas

El grupo que reúne Raleigh, Lapierre, Winora y Ghost no logró cerrar su venta a Dutech. Ahora Alemania y Francia intentan aislar negocios viables mientras los acreedores buscan recuperar valor de una compra apalancada que salió mal.

Accell se rompe tras el boom de la bicicleta y pone en juego marcas históricas
Crédito de imagen: Accell Group
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La caída de Accell Group reúne varios elementos de una gran historia empresarial: una compra millonaria en el momento de máximo optimismo, un mercado que cambió de dirección, exceso de inventario, reestructuraciones de deuda y, finalmente, una venta que no llegó a cerrarse. El resultado es que un grupo europeo de bicicletas se está convirtiendo en una colección de activos nacionales que buscan nuevos propietarios.

El 5 de agosto, las entidades neerlandesas de Accell obtuvieron una suspensión provisional de pagos. La compañía reconoció que había revisado las alternativas disponibles sin encontrar una solución realista para mantener el grupo en su forma actual. Eso no significa que todas las marcas cierren, sino que ya no existe una salida única para toda la estructura.

La última salida global fue Dutech Group. Su filial Tri Star E-Moving estudió la adquisición de Accell y llevó la operación ante autoridades de competencia en Alemania y Polonia. Alemania autorizó la combinación desde el punto de vista antimonopolio. Pero una autorización no equivale a una compraventa, y las conversaciones se rompieron a comienzos de agosto.

El origen financiero de la crisis está en 2022. Un consorcio liderado por KKR compró Accell cuando la pandemia había disparado la demanda de bicicletas y bicicletas eléctricas. Financial Times sitúa el valor de la transacción en 1.800 millones de euros. La expectativa era que el nuevo nivel de demanda durase mucho más tiempo.

La industria hizo pedidos agresivos porque sufría escasez de componentes. Cuando el consumo volvió a niveles más normales, muchas empresas tenían demasiado producto. Los descuentos ayudaron a vaciar almacenes, pero redujeron márgenes y caja. Para Accell, además, ese ajuste coincidió con una elevada carga de deuda.

El grupo reestructuró sus finanzas varias veces. En 2025 dijo haber reducido la deuda de la parte operativa a unos 800 millones de euros. En febrero de 2026 anunció nueva financiación y otra reducción importante. En ese momento, los acreedores asumieron el control y KKR dejó de ser el propietario dominante.

Ahora esos acreedores deben recuperar valor por partes. Alemania es el caso más avanzado. Accell Germany, Winora Staiger, Ghost Bikes y Engelbert Wiener Bike-Parts han entrado en un procedimiento de autoadministración. Unas 370 personas trabajan en Sennfeld y Waldsassen, y las empresas facturaron alrededor de 340 millones de euros en 2025.

La actividad continúa mientras se busca un inversor. El objetivo es separar el negocio alemán de la matriz neerlandesa. Esto abre una vía para que marcas como Winora, Haibike y Ghost sobrevivan con otra estructura accionarial. Winora, por ejemplo, tiene raíces que se remontan a 1914 en Schweinfurt.

Francia vive una separación similar con Lapierre. Cycles Lapierre ha solicitado un redressement judiciaire en Dijon porque la crisis de Accell bloqueó su financiación a corto plazo. En 2025 registró 99,1 millones de euros de ingresos y redujo su pérdida operativa a 27,2 millones, desde 46,3 millones el año anterior.

La dirección de Lapierre quiere recuperar independencia y autonomía. El tribunal de Dijon estudiará la apertura del proceso el 25 de agosto. La empresa llega a esa cita después de reducir existencias y plantilla, pero todavía sin generar la liquidez suficiente para afrontar sola el golpe de su matriz.

El mercado francés ayuda a entender el contexto europeo. En 2025 se vendieron 1,836 millones de bicicletas, un 6% menos que el año anterior. El valor del mercado cayó un 4,8% hasta 3.110 millones de euros. En cambio, las reparaciones crecieron un 10,5%.

Eso no significa que la gente deje de montar en bicicleta. Significa que reemplaza menos. Para un fabricante, la diferencia es enorme: puede haber uso, cultura ciclista y demanda de mantenimiento sin suficiente venta de producto nuevo para absorber grandes inventarios.

El Reino Unido aparece a través de Raleigh. La marca fue fundada en Nottingham en 1887 y sigue vinculada a esa ciudad. Accell la compró en 2012, diez años después del final de la producción británica de bicicletas. Su valor actual está sobre todo en la marca, la red comercial y la historia.

Accell aún decía en abril que había completado su transformación y preparaba modelos 2027 de varias de sus principales marcas. La insolvencia de agosto muestra que una empresa puede avanzar en producto y operaciones mientras se queda sin tiempo financiero.

La próxima fase será una venta fragmentada. Si aparecen compradores, algunas marcas históricas podrán salir del colapso de Accell con nuevos dueños. Si el proceso se alarga, el riesgo será que proveedores, distribuidores y clientes pierdan confianza. La carrera ya no es por vender más bicicletas, sino por conservar el valor de cada negocio antes de que la incertidumbre lo reduzca.