
Una iglesia de Pensilvania conserva todas sus ventanas diseñadas por Tiffany
St. John's Episcopal Church, en la antigua ciudad petrolera de Franklin, Pensilvania, es una de las siete iglesias que conservan un conjunto completo de vidrieras de Tiffany Studios.
En una calle tranquila de Franklin, Pensilvania, una antigua ciudad petrolera que vivió tiempos de gran auge, se alza la iglesia episcopal St. John's. Su exterior es agradable y está bien mantenido, pero sus verdaderos tesoros aparecen al cruzar las grandes puertas de madera y hierro. Allí, el visitante descubre un conjunto de vidrieras que pocos templos del país pueden exhibir.
Todas las ventanas de St. John's fueron creadas por los talleres de Louis Comfort Tiffany. Además, la iglesia es una de las únicas siete que conservan una colección completa de vidrieras Tiffany. Esa rareza convierte al edificio en un destino de interés para quienes siguen la historia del arte decorativo estadounidense y la obra de uno de sus diseñadores más reconocidos. El conjunto no es solo una muestra de técnica: cada pieza se integra en un espacio pensado para que la luz natural transforme el interior a lo largo del día.
La nave principal alberga una rosa de vidrio, la tercera más grande jamás creada por Tiffany Studios, que destaca por su tamaño y por la complejidad de su composición. A su alrededor se despliega una serie de trípticos que representan la vida de Cristo. Cada panel narra un episodio distinto, de modo que quien recorre el templo puede seguir la historia religiosa en orden, desde la primera escena hasta el final. Esta combinación de valor devocional y destreza técnica explica por qué las vidrieras son el principal atractivo del lugar.
Más allá de los vitrales, el templo ofrece otros elementos arquitectónicos destacados. Entre ellos figuran los bancos de madera de palisandro, una madera poco común en este tipo de mobiliario, que aporta un tono oscuro y cálido al conjunto. También se conservan dos mosaicos detallados realizados por el Gorham Art Studio, cuya presencia dialoga con las vidrieras y amplía el recorrido visual por el interior. Estos detalles completan un espacio en el que el arte y la fe se entrelazan de manera constante.
Las vidrieras pueden visitarse de martes a viernes, de 8 de la mañana a 2 de la tarde. Quienes prefieran una visita guiada deben llamar a la oficina parroquial con al menos una semana de antelación para organizarla. El costo es de 5 dólares por persona, con un máximo de 50 personas por grupo, lo que permite una experiencia más cercana y atenta a la historia del edificio. Para muchos visitantes, la recomendación es reservar con tiempo, ya que el número de plazas por grupo es limitado y los horarios de atención son acotados.
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