Martin Scorsese recuerda su experiencia en Woodstock y su afinidad con los hippies
El cineasta Martin Scorsese, de 83 años, rememora en la serie documental «Mr. Scorsese» su participación en el festival de Woodstock de 1969, donde se sintió cómodo con los hippies por su bondad, aunque no se identificaba plenamente con el movimiento.

El legendario cineasta Martin Scorsese, de 83 años, ha compartido en la serie documental autobiográfica «Mr. Scorsese», dirigida por Rebecca Miller, sus recuerdos sobre el emblemático festival de Woodstock de 1969, un evento que marcó un hito en la historia de la música y la cultura juvenil. Aunque el director neoyorquino nunca se consideró parte del movimiento hippie, ha confesado que se sintió profundamente a gusto entre sus integrantes, a quienes describe como «buenas personas». Esta declaración surge en el contexto de un documental que explora su vida y carrera, ofreciendo una mirada íntima a sus vivencias durante una época de transformación social en Estados Unidos.
Woodstock, celebrado entre el 15 y el 18 de agosto de 1969 en Bethel, Nueva York, congregó a más de medio millón de asistentes, superando todas las expectativas de sus organizadores. El festival, inicialmente concebido como un evento de pago, se convirtió en gratuito debido a la avalancha de público que desbordó la infraestructura prevista. Scorsese, que entonces apenas había estrenado su primer largometraje «¿Quién llama a mi puerta?», formó parte del equipo de rodaje del documental oficial del festival, trabajando junto al director Michael Wadleigh y la productora Thelma Schoonmaker, quien más tarde se convertiría en una colaboradora clave en su filmografía.
El cineasta recuerda que el acceso al recinto no fue sencillo: tras viajar en coche, el equipo tuvo que continuar a pie hasta llegar al lugar del festival. Una vez allí, Scorsese permaneció prácticamente sin dormir durante tres o cuatro días, grabando actuaciones y escenas del público. Esta experiencia le provocó incluso alucinaciones, pero también le dejó una impresión imborrable. «Es la única vez en la que he estado en un sitio donde se haya transmitido tanta compasión y amor por otras personas», explica en el documental, subrayando por qué se sintió tan cómodo entre los hippies, a pesar de no compartir plenamente su estilo de vida.
El contexto histórico de Woodstock está ligado al auge del movimiento hippie y al rechazo a la Guerra de Vietnam. Scorsese, aunque no se consideraba políticamente activo, reconoce que las imágenes del conflicto bélico le hicieron reflexionar. En el documental, revela que llegó a escribir un cortometraje presentado durante la Angry Arts Week de Nueva York, que mostraba a un hombre suicidándose mientras se afeitaba, como metáfora del «suicidio estadounidense». Además, relata un episodio que marcó su relación con la religión: durante una misa, un sacerdote calificó la Guerra de Vietnam como una «guerra de religión», lo que le llevó a abandonar esa iglesia. Frente a esa decepción institucional, encontró en los jóvenes hippies una actitud basada en la solidaridad y el respeto.
La organización de Woodstock comenzó meses antes, cuando los empresarios Joel Rosenman y John P. Roberts planeaban abrir un estudio de grabación en Manhattan. Los promotores Michael Lang y Artie Kornfeld les propusieron un proyecto más pequeño en Woodstock, pero Rosenman y Roberts sugirieron un gran festival al aire libre. Tras el rechazo de los vecinos de Woodstock, el evento se trasladó a Bethel, en el condado de Sullivan. El éxito de convocatoria fue tal que el festival se convirtió en un símbolo de la contracultura, con valores como el pacifismo, la libertad individual y el ecologismo.
Para Scorsese, Woodstock no solo fue un hito musical, sino también una experiencia personal que influyó en su visión del mundo. A sus 83 años, el director de obras maestras como «Taxi Driver» o «El irlandés» sigue siendo una figura clave del cine, y sus recuerdos de aquellos días ofrecen una perspectiva única sobre un evento que definió a una generación. La serie «Mr. Scorsese» promete ser un viaje íntimo por la vida de un artista que, desde su juventud, supo reconocer la bondad en medio de la efervescencia cultural de los años sesenta.


