
El monumento que honra a los Boinas Verdes y guarda acero del World Trade Center
La escultura America's Response Monument, obra de Douwe Blumberg, rinde homenaje a las Fuerzas Especiales del Ejército de EE. UU. que combatieron a caballo junto a aliados afganos tras el 11-S. La base incorpora un fragmento de acero de las Torres Gemelas y se encuentra en Liberty Park, junto al Memorial del 11-S en Nueva York.
America's Response Monument
En Liberty Park, a escasos metros del Memorial y Museo del 11-S en Nueva York, se alza una estatua ecuestre que rinde homenaje a los soldados de las Fuerzas Especiales del Ejército de Estados Unidos, conocidos como Boinas Verdes, que tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 llevaron la lucha contra los talibanes en Afganistán. La obra, titulada America's Response Monument, es un recordatorio de aquellos primeros días de combate en los que los militares estadounidenses se desplazaban a caballo junto a sus aliados afganos.
La escultura, creada por el artista Douwe Blumberg, representa a un soldado en posición de combate montado a caballo. Con un tamaño una vez y media mayor que el natural, el monumento destaca por su minucioso detalle y por una particularidad que lo vincula directamente con la tragedia que le dio origen: en su base se ha incorporado un fragmento de acero procedente del World Trade Center. Este elemento convierte la pieza en algo más que una representación bélica; es un objeto de memoria que conecta el pasado inmediato del atentado con la respuesta militar que le siguió.
La ubicación del monumento no es casual. Liberty Park se encuentra elevado sobre el nivel de la calle, justo al sur del Memorial y Museo del 11-S, en un espacio que recorre el visitante que se acerca a rendir tributo a las víctimas. La estatua se integra así en un paisaje de memoria que abarca desde el recuerdo de los fallecidos hasta el reconocimiento de quienes participaron en las operaciones militares posteriores. El conjunto escultórico, de marcado carácter figurativo, se aleja de los lenguajes abstractos habituales en los memoriales contemporáneos para ofrecer una imagen directa y reconocible del combatiente.
La historia que inspira la obra se remonta a los meses posteriores a septiembre de 2001, cuando equipos de las Fuerzas Especiales estadounidenses se infiltraron en Afganistán para combatir al régimen talibán. En aquellas operaciones, la caballería fue un medio de transporte esencial debido a la dificultad del terreno montañoso y a la falta de infraestructuras. Los soldados lucharon codo con codo con fuerzas afganas, una alianza que la estatua evoca al mostrar al jinete en actitud de combate. El monumento no solo conmemora la valentía de esos militares, sino también la peculiaridad de una guerra librada con medios que parecían pertenecer a otra época.
La incorporación del acero del World Trade Center en la base añade una capa de significado adicional. Ese fragmento materializa la conexión entre el ataque que desencadenó la intervención militar y quienes la ejecutaron. Para los visitantes, la pieza ofrece una oportunidad de reflexionar sobre las consecuencias del 11-S más allá de las víctimas directas, extendiendo la memoria a los soldados que participaron en la respuesta armada. La obra de Blumberg se suma así a otros monumentos y memoriales repartidos por Estados Unidos que honran a las fuerzas especiales y a los caídos en las guerras posteriores a los atentados.
Liberty Park, gestionado por la Autoridad Portuaria de Nueva York y Nueva Jersey, se ha consolidado como un espacio de tránsito y contemplación para quienes visitan la zona cero. La estatua, visible desde distintos puntos del parque, invita a detenerse y observar los detalles de la figura ecuestre, desde el equipamiento del soldado hasta la tensión del caballo. No se trata de un monumento de grandes dimensiones ni de un emplazamiento monumental, sino de una pieza que dialoga con el entorno y con la historia reciente del lugar.
La obra ha sido objeto de atención por parte de medios y visitantes, que destacan tanto su factura artística como su carga simbólica. Al estar situada junto al Memorial del 11-S, comparte espacio con un lugar de duelo colectivo, pero su mensaje se orienta hacia la acción y el sacrificio militar. Esta dualidad, memoria del atentado y homenaje a la respuesta, define el carácter del monumento y lo distingue de otras esculturas conmemorativas de la ciudad. Para el visitante, la estatua ofrece una perspectiva poco habitual: la de quienes, a lomos de un caballo, iniciaron una guerra que marcaría la primera década del siglo XXI.
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