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Christopher Nolan estrena una adaptación fiel y política de «La Odisea»

Christopher Nolan presenta su versión de «La Odisea», una epopeya que respeta el texto homérico pero lo actualiza con un mensaje sobre las heridas de la guerra y el poder del amor, en un filme de tres horas rodado en IMAX.

Christopher Nolan estrena una adaptación fiel y política de «La Odisea»
Christopher Nolan pone Hollywood a sus pies con su impecable y furiosa adaptación de 'La Odisea'
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Christopher Nolan ha vuelto a demostrar por qué es uno de los cineastas más influyentes de Hollywood con su adaptación de «La Odisea», un filme que respeta la esencia del poema homérico pero lo traslada al presente para reflexionar sobre las consecuencias de la guerra y la naturaleza humana. La película, de tres horas de duración y rodada en formato IMAX, supone un giro radical frente a las tendencias actuales de la industria, dominada por franquicias y efectos visuales digitales.

Nolan, que alcanzó un éxito arrollador con «Oppenheimer» —más de 800 millones de dólares en taquilla y siete premios Oscar—, ha utilizado su posición privilegiada para llevar a la gran pantalla la madre de todos los relatos: el viaje del héroe que, según el director, ha sido copiado y pervertido hasta la extenuación por Hollywood. En lugar de optar por una superproducción convencional, el cineasta ha decidido volver a la esencia del storytelling, a esa narrativa oral que popularizó «La Odisea» y que en su propia naturaleza contiene el arte de contar historias.

La película no incluye elementos fantásticos explícitos. Aunque se menciona constantemente a los dioses, estos nunca aparecen como personajes con diálogos. No hay conversaciones entre Zeus y Poseidón, ni transformaciones de Atenea, salvo un guiño constante con Telémaco repitiendo «Tienes los ojos de Atenea». La única deidad que aparece en pantalla es Atenea, y solo Odiseo puede verla de forma física, en una de las decisiones narrativas más arriesgadas del filme. Nolan incluso se atreve a ofrecer una explicación racional en una coda final magnífica y emocionante, que se desvía del relato original para reforzar su mensaje político y actual.

Para Nolan, lo divino no son rayos que fulminan desde el cielo, sino los actos de los seres humanos, y entre todos ellos, el amor. El director ya exploró esta idea en «Interestelar», donde el amor trascendía el tiempo y el espacio. En «La Odisea», el amor no solo es el motor del viaje de Odiseo, sino que la empatía es lo que nos hace humanos y nos diferencia de los monstruos. La película subraya que los clásicos hablan de nosotros, y que leer ahora las obras magnas de la literatura nos atraviesa desde el momento actual.

El filme se estrena en un contexto en el que dos de los grandes nombres de Hollywood han creado obras políticas sobre un mundo que se va a pique. Nolan no rechaza nunca la épica, la aventura ni la acción, pero tiene claro cómo unir «La Odisea» con la actualidad y logra uno de sus filmes con un mensaje político más potente. La película invita a aceptar las barbaridades cometidas y a mirar con empatía al otro como única vía para no repetir los mismos errores.

El gran triunfo de Nolan, además de haber podido hacer la película que ha querido, es haber conseguido una adaptación impecable de una obra cuya traslación a la gran pantalla parecía imposible. Quizás solo había que tener los medios y amar tanto como Nolan el material de partida. Su «Odisea» es fiel hasta el tuétano a la obra de Homero, y los amantes del texto original no estarán defraudados. La película cuenta con un reparto de lujo, encabezado por Anne Hathaway como Penélope, que brilla en su interpretación de la esposa de Odiseo.

La decisión de Nolan de adaptar «La Odisea» no es casual. En 2004, cuando empezaba a hacerse un nombre gracias al éxito de «Memento» e «Insomnio», Hollywood le ofreció realizar una película sobre Troya. Paralelamente, Wolfgang Petersen preparaba un «Batman vs Superman» que uniría a los dos héroes de DC mucho antes de que lo hiciera Zack Snyder. En un giro del destino, a Petersen le cancelaron su película y Warner le ofreció Troya. A Nolan, de rebote, le tocó reiniciar la saga de Batman. Mientras que Petersen se estrelló en su adaptación estilizada del relato clásico con Brad Pitt, Nolan reinventó el cine de superhéroes y lo llevó a otro nivel en una trilogía cuyas consecuencias se siguen notando en el cine actual.

Con «La Odisea», Nolan recoge aquel sueño frustrado y lo hace a lo grande. La película es un canto a la fidelidad narrativa, a la épica terrenal y a la reflexión sobre las heridas de la guerra. En un momento en que Hollywood apuesta por lo seguro, Nolan demuestra que aún es posible hacer cine de autor con mayúsculas, sin renunciar al espectáculo ni al mensaje.