Burgos conmemora los 60 años del rodaje de «El bueno, el feo y el malo»
La provincia de Burgos celebra con un amplio programa de actos el 60.º aniversario del rodaje de la mítica película de Sergio Leone. La asociación que reconstruyó el cementerio de Sad Hill ha organizado proyecciones, conciertos y encuentros con extras y técnicos que participaron en la superproducción de 1966.

La provincia de Burgos revive estos días la magia del western más célebre de la historia del cine. Un ambicioso programa de actos, que arrancó el jueves y se prolonga hasta el domingo, conmemora el 60.º aniversario del rodaje de «El bueno, el feo y el malo», la obra maestra de Sergio Leone que convirtió a la sierra burgalesa en escenario del lejano Oeste. La cita reúne a más de una veintena de invitados, entre ellos antiguos extras y técnicos que participaron en una producción que, en su momento, supuso una auténtica conmoción popular en toda la comarca.
En 1966, cuando la troupe de Leone aterrizó en la Sierra de la Demanda y del Arlanza, el impacto fue inmediato. Los vecinos de los pueblos de la zona se volcaron en la construcción de los decorados y en el rodaje como figurantes. El Ejército español llegó a ceder 2.000 soldados de reemplazo para las escenas multitudinarias. Sin embargo, ninguno de los actores principales era entonces una estrella indiscutible. «A Clint Eastwood no lo conocíamos», recuerda Fernando Covaleda, que con 16 años participó como extra tocando el bombo. «Lo pasamos muy bien y fue una gran novedad para los pueblos», añade. Quien sí era reconocido era Lee Van Cleef, cuyos filmes se habían proyectado en el cine local, y Eli Wallach, el inolvidable Tuco.
Décadas después, el rodaje había caído en el olvido hasta que, hace catorce años, un grupo de jóvenes aficionados al cine descubrió los restos del principal decorado: el cementerio de Sad Hill, escenario del duelo final. Sin cruces y cubierto de maleza, el lugar parecía perdido. Pero aquellos «locos» decidieron limpiarlo y reconstruirlo. Lo que comenzó como una idea pequeña se convirtió en una gesta colectiva que movilizó a decenas de personas durante año y medio. Guillermo Oliveira, autor del documental «Reconstruyendo Sad Hill», relata cómo la iniciativa creció: «Mi idea inicial era algo pequeño. Me pareció muy poético que un grupo de fans quisiera recuperarlo, pero no pensé que lo fueran a conseguir. Sin embargo, a la semana siguiente eran diez, luego veinte, luego cien… La bola fue creciendo». Oliveira siguió el proceso y se convirtió en embajador internacional de esta singular operación de arqueología cinematográfica.
El documental logró captar la atención de los propios protagonistas de la película. Durante nueve meses, Oliveira insistió para obtener mensajes de apoyo de Clint Eastwood, Ennio Morricone y el líder de Metallica, James Hetfield. Lo consiguió cinco días antes de la celebración del 50.º aniversario, ya con el cementerio restaurado. Cuando esos vídeos se proyectaron en la campa, las lágrimas de emoción se desbordaron entre los asistentes. «Había merecido la pena», resume Oliveira. Aquel éxito impulsó a la asociación a organizar un programa aún más completo para el 60.º aniversario, con proyecciones, conciertos y mesas redondas que recuperan la memoria sentimental de aquel rodaje.
Entre los invitados de este año destaca Domingo Contreras, sacerdote jubilado que, siendo un joven estudiante de música, fue reclutado por su habilidad con la armónica. Participó en la célebre escena en la que Tuco recibe una paliza para que confiese dónde está el dinero. «Pasamos días muy buenos, pero no podíamos imaginar la trascendencia que terminaría teniendo la película», confiesa. Estos días se ha reencontrado con personas llegadas de toda España que aparecen en el filme porque en 1966 hacían la mili en Burgos. Silvia Arribas, directora del festival de cine de Burgos, destaca el valor de este ejercicio de recuperación de la memoria colectiva: «Todo lo relacionado con Sad Hill, un cementerio sin muertos, despierta una enorme curiosidad. Se ha convertido en un multiplicador de experiencias». El lugar ha sido utilizado para rodar videoclips e incluso largometrajes, como los del director finlandés Rax Rinnekandas, enamorado de la zona.
El programa de actos incluye recreaciones teatralizadas del duelo final y encuentros con los participantes de aquella aventura cinematográfica. Los organizadores reconocen el esfuerzo que supone montar un evento de estas características. «Estamos muy contentos, pero no sabemos si habrá un 70 aniversario, porque montar esto es un trabajo enorme», admite Sergio García, miembro de la asociación. Por ahora, Burgos celebra con orgullo los sesenta años de una película que la ha situado en el olimpo de la mitología cinematográfica mundial.


