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Claroscuro

14 agosto 2026

Sociedad

Wamani convierte el miedo global en un refugio de 32.000 hectáreas

El proyecto de Martín Varsavsky en Mendoza mezcla lujo, autosuficiencia y una fuerte paradoja social: poder comprar una copia privada de servicios que el resto usa de forma colectiva.

Sebastián Fest

En Mendoza, al pie de los Andes, la ansiedad por una posible crisis mundial tiene una dirección concreta. Se llama Wamani, ocupa 32.000 hectáreas y pertenece a seis empresarios tecnológicos que quieren combinar un destino de campo con una infraestructura de respaldo para escenarios extremos.

Martín Varsavsky posee el 50% del proyecto. Los otros cinco socios se reparten la mitad restante. Entre ellos están Alec Oxenford, cofundador de OLX y embajador argentino en Estados Unidos, y Dan Lubetzky, fundador de Kind.

La historia se ha viralizado como «el arca de los multimillonarios», pero conviene separar la imagen del dato. Lubetzky sí es multimillonario. El Financial Times estima la fortuna de Varsavsky en unos 700 millones de dólares. El grupo es extraordinariamente rico, pero no hay base para afirmar que todos sus integrantes sean multimillonarios.

También se ha inflado ligeramente la inversión. Varsavsky dijo al Financial Times que los propietarios han gastado casi 10 millones de dólares. Algunos mensajes hablan de más de 10 millones. La construcción sigue adelante y el total puede cambiar, pero la cifra publicada hasta ahora está por debajo de ese umbral.

En Wamani ya hay pequeñas viviendas, domos geodésicos, paneles solares y una pista de aterrizaje. La web oficial del proyecto indica que usa Starlink para la conectividad básica y muestra varias opciones de alojamiento. Los propietarios planean incorporar ganado y contemplan comprar más terreno para cultivar.

La parte más llamativa es digital. El equipo estudia descargar grandes modelos de lenguaje en ordenadores alimentados por energía solar. Si los servidores globales dejaran de funcionar, esas máquinas podrían conservar algunas capacidades de IA y acceso a información guardada previamente. Varsavsky habla de un «internet» limitado propio, aunque técnicamente sería una red local de datos y cómputo, no una reconstrucción de internet.

La escena plantea un contraste muy actual. Para la mayoría de las personas, la resiliencia significa depender de que funcionen bien los servicios compartidos: la red eléctrica, las carreteras, los supermercados, las telecomunicaciones. En Wamani, el capital permite duplicar parte de esas capas en privado. La energía se produce en el lugar. La movilidad tiene una pista propia. La comida puede acercarse a la finca. Hasta el conocimiento digital podría guardarse localmente.

Eso no hace al proyecto invulnerable. Mendoza es una región árida. El terreno tiene manantiales y cursos de agua, pero la disponibilidad hídrica sigue siendo un riesgo. Los vientos andinos pueden ser muy fuertes. Y cualquier instalación tecnológica necesita mantenimiento, repuestos y personas que sepan operarla.

Tampoco es cierto ya que solo se pueda entrar «por contactos». Wamani se presenta públicamente como destino turístico. Su web permite consultar disponibilidad y ofrece alojamiento, comidas, trekking, bicicleta de montaña, cabalgatas, traslados y ayuda para coordinar vuelos privados. El Financial Times señala que los propietarios han considerado Airbnb.

El proyecto tiene además una relación directa con la política argentina. Varsavsky compró el terreno después de la elección de Javier Milei y apoya al presidente. Ya había propuesto una «visa de la tranquilidad» para extranjeros adinerados que quisieran tener Argentina como alternativa en una gran guerra. El Gobierno trabaja por separado en un programa de ciudadanía por inversión.

Wamani no es todavía una ciudad autosuficiente ni un búnker terminado. Es una finca en expansión donde se ensaya una idea: convertir la distancia, la energía, la comida, la movilidad y los datos en seguros privados. Aunque nunca llegue el desastre que imaginan sus dueños, el proyecto ya muestra una nueva forma de desigualdad contemporánea: no solo quién puede comprar más, sino quién puede comprar una segunda versión de los sistemas de los que todos dependemos.

Alba Aguilar

Autor

Periodista de sociedad

Alba Aguilar cubre para Claroscuro actualidad, política, economía, sociedad y cultura. Su trabajo se centra en la verificación, el contexto y explicaciones claras para los lectores.

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