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Soltar 500 tortugas en el Sáhara logra crear zonas verdes donde fracasó la plantación de árboles

Un experimento en el desierto del Sáhara demuestra que la introducción de tortugas africanas de espolones, al excavar madrigueras, rompe la capa endurecida del suelo y permite la filtración de agua, generando la reaparición de vegetación en cinco años.

Soltar 500 tortugas en el Sáhara logra crear zonas verdes donde fracasó la plantación de árboles
Plantar árboles en el desierto del Sahara no funcionó, pero soltaron 500 tortugas y cinco años después crecieron zonas verdes donde sólo había arena
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Durante décadas, plantar árboles fue la respuesta más extendida para frenar el avance del desierto del Sáhara. Sin embargo, los resultados fueron limitados: las condiciones extremas, con escasas lluvias, temperaturas muy altas y un suelo endurecido, impedían que las semillas arraigaran. Ahora, un experimento con 500 tortugas africanas ha logrado revertir esa tendencia y crear pequeñas zonas verdes donde antes solo había arena.

El fracaso de la reforestación directa se debió a que la tierra había perdido su capacidad de absorber agua. Las pocas lluvias que caían se evaporaban rápidamente o se escurrían por la superficie sin penetrar. Para que cualquier planta pudiera crecer, primero era necesario modificar esa capa superficial compacta. Fue entonces cuando los investigadores optaron por una solución poco convencional: introducir animales en lugar de continuar plantando.

La especie elegida fue la tortuga de espolones africana (Centrochelys sulcata), conocida por su habilidad para excavar madrigueras profundas. Estos túneles, que pueden alcanzar varios metros bajo tierra, no solo protegen a las tortugas del calor extremo del día y del frío nocturno, sino que también rompen la capa endurecida del suelo. Al hacerlo, permiten que el agua de lluvia se filtre y se mantenga bajo la superficie durante más tiempo, creando condiciones favorables para la germinación de semillas.

Los resultados comenzaron a hacerse visibles después de cinco años. Imágenes satelitales mostraron pequeñas manchas verdes en zonas que antes eran completamente áridas. La vegetación emergió a partir de semillas que ya estaban presentes en el suelo pero que no encontraban la humedad necesaria para brotar. Además, con la vegetación regresaron insectos, aves y otros animales, lo que indica una recuperación parcial del ecosistema asociado.

En ecología, a este tipo de organismos se les denomina «ingenieros del ecosistema» porque modifican físicamente su entorno y generan condiciones favorables para otras formas de vida. La tortuga africana encaja perfectamente en esa definición: su actividad continua y sin intervención humana logra crear pequeños puntos donde el agua y la materia orgánica se acumulan, algo que en muchos proyectos de restauración se intenta hacer de forma manual con costes elevados y resultados limitados.

El experimento no sugiere que el desierto vaya a convertirse en un bosque solo con introducir tortugas. La recuperación depende de múltiples factores como la cantidad de lluvia, el uso del suelo o la presión ganadera. Sin embargo, la iniciativa apunta a un cambio de enfoque en la lucha contra la desertificación: en lugar de intervenir de forma masiva, se trataría de entender los procesos naturales y apoyarse en especies clave que ya existían en esos ecosistemas. A veces, la reintroducción de animales puede ser más eficaz y sostenible que las costosas campañas de reforestación.

Los investigadores destacan que el éxito no fue inmediato: durante los primeros años apenas se apreciaban diferencias. Pero la constancia de las tortugas, combinada con lluvias ocasionales, logró transformar gradualmente el terreno. Este caso demuestra que, en determinadas condiciones, la naturaleza puede recuperarse por sí sola si se le proporcionan los mecanismos adecuados. La tortuga de espolones, con su simple acto de excavar, ha demostrado ser una herramienta más eficaz que décadas de esfuerzos humanos para frenar el avance del desierto.