Marruecos emplea gases lacrimógenos y cañones de agua para dispersar a migrantes en la frontera con Ceuta
Las autoridades marroquíes han recurrido al material antidisturbios para frenar a miles de personas que intentaban cruzar a Ceuta. La intervención se produce en un contexto de creciente presión migratoria y tras una reciente sentencia del Tribunal Supremo que limita las devoluciones en caliente de quienes entran por mar.

Las autoridades de Marruecos han comenzado a emplear gases lacrimógenos, cañones de agua y material antidisturbios para dispersar a la multitud de miles de migrantes congregados en los alrededores de la frontera con la ciudad autónoma de Ceuta. La intervención se produce después de que una marea humana de más de cinco kilómetros, compuesta mayoritariamente por jóvenes llegados desde distintos puntos del país, desbordara a las fuerzas de seguridad marroquíes en la localidad de Castillejos.
Según ha podido constatar la agencia Efe sobre el terreno, los efectivos antidisturbios activaron el dispositivo para frenar los intentos de aproximación al perímetro fronterizo. Como resultado, cientos de personas comenzaron a replegarse hacia el casco urbano de Castillejos, donde la mayoría planea pernoctar para reiniciar el intento en las próximas horas. «Nos han dispersado, pero no vamos a dejar de intentarlo», declaró un joven marroquí mientras se alejaba de la zona colindante con el paso fronterizo. A pesar de la acción policial, cientos de personas continúan intentando entrar a nado, rodeando el espigón del Tarajal, uno de los últimos obstáculos blindados con alambre de espino que separa el litoral marroquí del territorio español.
La Guardia Civil mantiene un operativo especial en la zona para controlar los accesos de personas y vehículos, especialmente de los magrebíes que participan en la Operación Paso del Estrecho. Varias embarcaciones de la Marina Real marroquí patrullan el área para tratar de contener a miles de jóvenes, mujeres y niños que no cesan de arrojarse al mar para cruzar hacia Ceuta. Paralelamente, cientos de personas se han instalado en las colinas próximas al perímetro sin ser desalojadas por ahora. La presión migratoria por tierra ha disminuido cerca de la frontera, pero los intentos de entrada por mar se mantienen.
La situación ha motivado un escaso movimiento de entradas y salidas por la frontera este jueves, ya que muchos viajeros han optado por cancelar sus desplazamientos o utilizar rutas alternativas. En la ciudad de Ceuta, la práctica totalidad de la población permanece en sus hogares debido a la gran cantidad de personas que deambulan por las calles. Comercios, bares, restaurantes y grandes superficies han cerrado sus puertas para evitar complicaciones. Entre los migrantes se encuentran familias enteras y numerosos menores de edad, algunos acompañados por sus padres y otros que han entrado de forma individual.
El Ministerio del Interior español, dirigido por Fernando Grande-Marlaska, ha atribuido la crisis migratoria a las «redes de tráfico de personas» que estarían instrumentalizando una reciente sentencia del Tribunal Supremo. Dicha sentencia, conocida a principios de mes, prohíbe las devoluciones en caliente de inmigrantes que llegan a nado a las ciudades autónomas. El alto tribunal interpreta que la disposición adicional décima de la Ley de Extranjería, de 2015, solo permite el rechazo en frontera a quienes intentan superar elementos de contención físicos como las vallas, pero no a quienes son interceptados en el mar. Esto ha creado un vacío legal que, según las autoridades, está siendo aprovechado por las mafias para alentar los cruces masivos.
Mientras tanto, la presión continúa. Las fuerzas de seguridad marroquíes mantienen el despliegue y la vigilancia en la zona costera y terrestre. La comunidad internacional observa con atención el desarrollo de los acontecimientos, mientras organizaciones de derechos humanos reclaman una respuesta humanitaria ante la situación de miles de personas, entre ellas mujeres y niños, que arriesgan su vida en el mar y en los espigones. La frontera de Ceuta se ha convertido en el epicentro de una nueva crisis migratoria que pone a prueba la cooperación entre España y Marruecos y los marcos legales de la Unión Europea en materia de extranjería.
El flujo de migrantes no se detiene. Decenas de personas continúan agolpadas en las playas de Castillejos y en los alrededores del perímetro, esperando el momento oportuno para lanzarse al agua o sortear las vallas. La combinación de la falta de oportunidades económicas en Marruecos y las recientes decisiones judiciales en España ha generado un efecto llamada que las autoridades de ambos países intentan gestionar sin que se desborde por completo la capacidad de acogida y de control fronterizo.


