
Linda, 67 años, viaja ocho veces a África como voluntaria sanitaria
Linda, de 67 años y nacida en el Congo belga, ha participado en ocho misiones sanitarias en África con la organización Artsen Zonder Vakantie, una labor que comenzó en su infancia y que la ha llevado a combinar su experiencia como enfermera con su vocación de cuidado.
Linda, una mujer de 67 años nacida en el Congo belga, ha viajado en ocho ocasiones a África como voluntaria de la organización Artsen Zonder Vakantie, según relata en una entrevista publicada por el medio belga Libelle. Su historia, marcada por una infancia en la que ya mostraba una inclinación natural hacia el cuidado de los demás, refleja el compromiso de una vida dedicada a la ayuda humanitaria.
Hija de padres belgas, Linda pasó su niñez en el Congo, donde su padre trabajaba. Desde muy pequeña demostró una sensibilidad especial por quienes estaban enfermos. «Ya entonces era cuidadora: si alguien estaba enfermo, quería curarlo», recuerda. Esa vocación se manifestaba en gestos cotidianos, como cuando su perro fue atropellado y ella misma le entablilló la pata. Aquella inclinación infantil la llevó a formarse como enfermera, una profesión que con los años le permitiría canalizar su deseo de ayudar a los demás.
La trayectoria de Linda como voluntaria internacional se ha desarrollado a través de Artsen Zonder Vakantie, una organización que, a diferencia de otras entidades de ayuda humanitaria, no se limita a las emergencias puntuales, sino que busca establecer vínculos duraderos con las comunidades a las que acompaña. En sus ocho misiones en África, Linda ha podido aplicar sus conocimientos sanitarios y su experiencia vital en contextos muy distintos al suyo, contribuyendo a mejorar la atención médica en zonas con recursos limitados.
La historia de Linda pone de relieve el papel de las personas mayores en el voluntariado internacional, un ámbito en el que la experiencia y la madurez se convierten en herramientas valiosas. A sus 67 años, lejos de plantearse el retiro, sigue encontrando en la cooperación sanitaria un motivo para seguir activa y para mantener vivo aquel impulso de cuidar que la acompañó desde la infancia.
El relato de esta voluntaria belga también invita a reflexionar sobre los lazos entre Europa y África y sobre cómo las experiencias personales de quienes crecieron en contextos coloniales pueden transformarse, con el tiempo, en un compromiso solidario. En su caso, el recuerdo de una infancia en el Congo se ha convertido en el motor de un voluntariado que ya suma ocho viajes y que, según se desprende de sus palabras, no parece tener un final próximo.
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