
Katarzyna Niezgoda relata el silencio y la pérdida de valor tras quedarse sin empleo
La headhunter Katarzyna Niezgoda comparte su experiencia de año y medio sin trabajo y alerta sobre la difícil reinserción de las mujeres mayores de 40 años, que deben volver a demostrar su valía pese a su experiencia.
La pérdida de un empleo no solo afecta a la estabilidad económica, sino que puede erosionar la confianza y la percepción que una persona tiene de sí misma. Así lo describe Katarzyna Niezgoda, hoy headhunter, quien pasó un año y medio sin lograr reubicarse profesionalmente tras quedarse sin trabajo. En una entrevista concedida a Odetą Moro, Niezgoda relata cómo el silencio que sigue al cese de la actividad laboral se convierte en una carga emocional difícil de sobrellevar.
«El teléfono deja de sonar. El silencio duele. El silencio duele mucho», afirma Niezgoda, que actualmente se dedica a la búsqueda de talento para empresas. Su testimonio pone el foco en una realidad que afecta a numerosos profesionales: la transición hacia un nuevo empleo puede alargarse más de lo previsto y convertirse en un periodo de incertidumbre y desgaste personal.
La headhunter subraya además la situación particularmente compleja que enfrentan las mujeres a partir de los 40 años. A pesar de contar con experiencia y competencias consolidadas, muchas se ven obligadas a demostrar de nuevo su valor en el mercado laboral, como si su trayectoria previa perdiera peso frente a otros candidatos. Esta circunstancia añade una presión adicional a la búsqueda de empleo y prolonga la sensación de invisibilidad profesional.
El relato de Niezgoda refleja un fenómeno que trasciende el caso individual. La pérdida de trabajo no solo implica la ausencia de ingresos, sino también la ruptura de rutinas, la disminución de contactos profesionales y la necesidad de reconstruir una identidad laboral. En ese proceso, el silencio —la falta de llamadas, de respuestas, de oportunidades— se convierte en un recordatorio constante de la situación de desempleo.
La experiencia de esta headhunter, que hoy asesora a empresas en la selección de personal, aporta una doble perspectiva: la de quien ha vivido la búsqueda de empleo desde la vulnerabilidad y la de quien conoce por dentro los criterios que aplican las compañías. Su testimonio sugiere que, más allá de las circunstancias económicas, el modo en que el mercado trata a los candidatos mayores de 40 años —especialmente a las mujeres— merece una reflexión sobre los sesgos y las barreras que persisten en los procesos de contratación.
El caso de Katarzyna Niezgoda se suma a otras voces que en los últimos años han puesto de relieve el impacto emocional del desempleo prolongado y la dificultad de reincorporarse cuando el paso del tiempo y los estereotipos de edad juegan en contra. Su mensaje, centrado en el dolor del silencio y en la necesidad de reafirmar el propio valor, resuena en un contexto donde la estabilidad laboral es cada vez menos garantizada y donde la reinvención profesional se ha vuelto una exigencia frecuente.
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