
El TDAH femenino, el trastorno que se escondió durante décadas tras diagnósticos de depresión y ansiedad
Mujeres con TDAH pasan años tratándose de depresión o ansiedad antes de recibir un diagnóstico correcto, a menudo después de los 30. La psicóloga Joanna Niedziałek explica por qué el trastorno ha sido históricamente invisible en las mujeres y cómo afecta su vida cotidiana.
Olvidar reuniones, dejar la limpieza a medias y arrastrar una sensación permanente de que «algo no va bien» son experiencias que muchas mujeres han vivido durante años, tratando de aliviarlas con terapias y medicación para la depresión o la ansiedad. Sin embargo, para un número creciente de ellas, la verdadera causa de ese malestar no era un trastorno del estado de ánimo, sino un cerebro que funciona de manera diferente: el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH).
La psicóloga Joanna Niedziałek y la periodista Monika Borzym abordaron esta realidad en el podcast «Rozmowy o przyjemności» (Conversaciones sobre el placer), donde explicaron por qué el TDAH femenino ha permanecido invisible durante tanto tiempo y por qué tantas mujeres llegan al diagnóstico solo después de cumplir los treinta años. «Por primera vez en mi vida, un domingo me quedé en la cama hasta las once», relata una de las pacientes citadas en la conversación, describiendo el alivio que supone entender que el problema nunca fue la falta de fuerza de voluntad.
El TDAH en mujeres se manifiesta con frecuencia de forma distinta al de los hombres. Mientras que en ellos suele expresarse con hiperactividad física evidente e impulsividad, en ellas predomina la inatención, la desorganización interna y la llamada «hiperactividad mental», un torrente de pensamientos difíciles de gestionar. Esa diferencia ha llevado a que durante décadas los síntomas se interpretaran como depresión, ansiedad o incluso simples rasgos de personalidad, retrasando un diagnóstico que podría haber cambiado la vida de muchas pacientes.
El coste de ese retraso no es menor. Las mujeres afectadas suelen desarrollar estrategias de compensación para ocultar sus dificultades, lo que genera un desgaste emocional enorme. La sensación de «luchar constantemente por la dopamina», como describe Niedziałek, explica que muchas necesiten estímulos intensos para sentirse motivadas y que las tareas cotidianas, como ordenar la casa o responder mensajes, se conviertan en batallas agotadoras. El agotamiento resultante se confunde fácilmente con un cuadro depresivo, perpetuando el ciclo de tratamientos inadecuados.
El diagnóstico tardío tiene además consecuencias prácticas. Muchas mujeres llegan a la consulta después de años de terapias que no funcionaban, con una autoestima dañada y con la convicción de que son «vagas» o «desorganizadas». La psicoeducación, es decir, entender qué es el TDAH y cómo afecta a su cerebro, se convierte entonces en el primer paso terapéutico. Para muchas, ese momento supone un punto de inflexión: dejan de culparse a sí mismas y comienzan a buscar estrategias adaptadas a su neurodivergencia.
El podcast también subraya que el TDAH no es un problema de atención en el sentido estricto, sino de regulación de la atención y de las funciones ejecutivas. Las personas afectadas pueden concentrarse intensamente en tareas que les interesan, pero les resulta casi imposible hacerlo en aquellas que perciben como aburridas o rutinarias. Esa particularidad, malinterpretada como falta de interés o de esfuerzo, ha contribuido a que el trastorno pase desapercibido en las aulas y en los entornos laborales, especialmente en el caso de las niñas, que suelen ser más calladas y menos disruptivas que los niños.
El aumento de la visibilidad del TDAH femenino en los últimos años, impulsado por redes sociales y testimonios públicos, está ayudando a que más mujeres se reconozcan en los síntomas y busquen ayuda. Los especialistas insisten en que un diagnóstico correcto no solo mejora la calidad de vida, sino que permite acceder a tratamientos farmacológicos y psicológicos adecuados, además de liberar a las pacientes de años de culpa y de fracasos atribuidos erróneamente a su carácter.
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