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Claroscuro

11 agosto 2026

Estilo de vida

Una caricia puede bajar la tensión, pero no arregla una relación por sí sola

El contacto afectivo puede suavizar emociones negativas, reducir la reactividad del corazón y ayudar tras una discusión. La evidencia no respalda un aumento universal del 40–50% en felicidad.

Andrik Langfield / Unsplash

Cuando una discusión termina y todavía queda tensión en el cuerpo, una mano puede decir algo antes que las palabras. Tomarse de la mano, abrazarse o acariciar el brazo no elimina el problema, pero varios estudios sugieren que el contacto afectivo puede cambiar el estado emocional y fisiológico desde el que intentamos resolverlo.

Una serie de experimentos publicada en Emotion examinó qué ocurre cuando las personas miran imágenes positivas, neutras y negativas en distintas situaciones sociales. En algunos ensayos recibían un apretón de manos; en otros, una caricia lenta en el antebrazo. Recibir contacto afiliativo podía hacer que las imágenes negativas fueran valoradas como menos negativas.

El dato necesita contexto. Los tres experimentos incluyeron 39, 40 y 109 participantes. No se trató de 55 parejas románticas y no se midió una mejora global de la felicidad del 40 al 50%. El resultado principal era la valoración de estímulos emocionales, algo mucho más concreto.

Los estudios con parejas reales ofrecen otra pieza. En 2017, investigadores compararon tres experiencias: acariciar a la pareja, recibir una caricia de ella y acariciarse uno mismo. Ser acariciado por la pareja obtuvo las puntuaciones más altas de placer y fue la única condición que redujo significativamente la frecuencia cardíaca. Quienes estaban más satisfechos con su relación también tendían a disfrutar más ese contacto.

La piel tiene parte de la explicación. Las llamadas aferencias C-táctiles son fibras nerviosas que responden especialmente bien a caricias suaves sobre piel con vello. Su rango preferente está aproximadamente entre 1 y 10 centímetros por segundo. No hace falta llevar un metrónomo: cuando se pidió a personas que acariciaran de forma natural a su pareja o a un bebé, eligieron espontáneamente velocidades compatibles con esa vía sensorial.

Para el momento después de una pelea, hay un experimento aún más directo. Un estudio de 2020 observó parejas durante y después de conversaciones conflictivas y comparó condiciones en las que se tomaban de la mano. En muestras de 47, 53 y 45 parejas, el contacto se relacionó con menor reactividad cardíaca y, en algunos grupos, con más afecto positivo y mejor comunicación.

Los resultados variaron entre personas y condiciones. Eso encaja con algo que cualquier pareja sabe: un abrazo puede sentirse como refugio o como invasión, según el momento. El contacto solo funciona como apoyo cuando es bienvenido.

Otra investigación con 7.880 participantes de distintos países encontró una asociación positiva entre el amor declarado y comportamientos como acariciar, abrazar y besar. Es una relación estadística, no una prueba de que aumentar mecánicamente el número de caricias vaya a aumentar el amor.

La idea útil, por tanto, no es convertir el tacto en una técnica de pareja. Es reconocer que el cuerpo forma parte del conflicto. Si ambos quieren el contacto, una caricia lenta o una mano entrelazada pueden ayudar a bajar el nivel de alarma y hacer que el siguiente minuto sea distinto del anterior.

Después sigue lo difícil: hablar de lo que ocurrió, escuchar sin interrumpir, asumir responsabilidades y decidir qué debe cambiar. La caricia puede abrir la puerta. No puede cruzarla por la pareja.

Alba Aguilar

Autor

Periodista de sociedad

Alba Aguilar cubre para Claroscuro actualidad, política, economía, sociedad y cultura. Su trabajo se centra en la verificación, el contexto y explicaciones claras para los lectores.

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