
Martín Berasategui revela su receta exprés con sardinas de lata para una cena en cinco minutos
El chef vasco Martín Berasategui ha compartido en televisión una receta sencilla que transforma una lata de sardinas en una crema untuosa con quesitos, perejil y aceite de oliva. La preparación, que no requiere más de cinco minutos, se sirve sobre pan tostado o como salsa para verduras.
El chef Martín Berasategui ha vuelto a demostrar que la alta cocina no está reñida con la sencillez. Durante su participación en el programa La Noche D, de RTVE, el cocinero vasco desveló una receta exprés que convierte una humilde lata de sardinas en una cena «alucinante» en apenas cinco minutos. La clave, según explicó, está en mezclar el pescado con quesitos, perejil fresco y aceite de oliva hasta lograr una crema untuosa que se sirve sobre pan tostado o acompañada de bastones de verduras crudas.
Berasategui, cuyo restaurante en Lasarte (País Vasco) acumula tres estrellas Michelin desde hace más de dos décadas, es conocido por su capacidad para elevar ingredientes humildes a platos con un resultado sorprendente. Esta receta con sardinas de lata es, en sus propias palabras, una versión doméstica de esa misma filosofía. «Si mezclas sardinas con aceite, unos quesitos, hojas de perejil, trituras y le añades aceite, alucinas», resumió el chef durante su intervención televisiva.
La preparación no puede ser más sencilla. Los ingredientes necesarios son: una lata de sardinas, 100 gramos de quesitos en porciones, 100 mililitros de aceite de oliva virgen extra, 100 mililitros de agua, un puñado de hojas de perejil fresco bien lavadas y pan tostado o bastones de verduras para acompañar. El propio Berasategui insistió en que la proporción casi memorizable —100 gramos de quesitos por 100 mililitros de agua y otros 100 de aceite— es fundamental para que la mezcla emulsione correctamente y alcance la textura deseada.
El proceso, tal como lo detalló el chef, comienza abriendo la lata de sardinas y retirando la espina central de cada pieza, un paso opcional pero que mejora notablemente la textura final. A continuación, se introducen el pescado, el agua, los quesitos y el perejil fresco en el vaso de la batidora. Se tritura a velocidad constante mientras se añade el aceite de oliva en un hilo fino, siguiendo la misma técnica que se emplea para emulsionar una mayonesa casera. Se sigue batiendo hasta obtener una pasta homogénea, sedosa y de color similar al salmón. Finalmente, se guarda la crema en un recipiente hermético en el frigorífico durante un rato para que tome cuerpo antes de servir.
El secreto de esta combinación reside en el equilibrio de sus componentes. Los quesitos aportan cremosidad y suavizan el sabor intenso de la sardina sin llegar a enmascararlo del todo, mientras que el perejil fresco añade un toque de frescura y color. El aceite de oliva, añadido en hilo fino, actúa como emulsionante y proporciona la textura sedosa característica. El resultado es una crema versátil que puede servirse fría sobre una tostada crujiente o utilizarse como salsa para mojar verduras, demostrando que no siempre se necesita una compra elaborada para preparar un plato que sepa a mucho más de lo que cuesta.
Esta no es la primera vez que Berasategui comparte trucos para simplificar la cocina diaria. Su enfoque, centrado en aprovechar al máximo los ingredientes disponibles y en aplicar técnicas profesionales a preparaciones caseras, le ha valido un lugar destacado en el imaginario gastronómico español. Con esta receta, el chef vuelve a poner de manifiesto que la creatividad y el buen gusto no están reñidos con la rapidez ni con el presupuesto ajustado.
La propuesta ha generado un notable interés en redes sociales, donde muchos usuarios han celebrado la posibilidad de resolver una cena completa con ingredientes básicos de despensa. La receta, además, se alinea con una tendencia creciente hacia una cocina práctica y sin desperdicio, en la que las conservas de calidad ocupan un lugar cada vez más relevante. Berasategui, con su habitual desparpajo, ha vuelto a demostrar que la excelencia culinaria puede estar al alcance de cualquiera con una batidora y cinco minutos de tiempo.
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