
Frieze se consolida como la pasarela más elegante del mundo del arte
La feria de arte Frieze se ha convertido en el nuevo escaparate de estilo, superando a la propia semana de la moda. Los editores de Elle comparten sus claves para acertar con el dress code del circuito artístico.
La feria de arte Frieze se ha convertido en el nuevo escaparate de estilo, superando a la propia semana de la moda. Así lo asegura la edición británica de Elle, que ha dedicado un reportaje a desentrañar el código de vestimenta de uno de los eventos culturales más esperados del calendario. «Olvídate de la semana de la moda, Frieze es donde se ven los mejor vestidos», sentencia la publicación, que ha reunido a cinco de sus editoras para mostrar cómo se traduce ese estilo en la práctica.
El fenómeno no es casual. Frieze, que celebra sus ediciones principales en Londres, Nueva York y Los Ángeles, ha dejado de ser una cita exclusiva para coleccionistas y comisarios para transformarse en un punto de encuentro donde la moda y el arte se retroalimentan. Las galerías se convierten en pasarelas improvisadas y los asistentes compiten por captar la atención con looks que huyen de la ostentación y apuestan por una elegancia más intelectual, menos sujeta a las tendencias efímeras.
Según las editoras de Elle, la clave está en un equilibrio entre sofisticación y comodidad. El dress code de Frieze no entiende de tacones imposibles ni de vestidos de gala, sino de prendas que permitan moverse entre stands, conversar durante horas y, al mismo tiempo, proyectar una imagen cuidada. Las expertas recomiendan piezas de sastrería fluida, tejidos nobles como la lana fría o la seda, y una paleta de colores que tiende a los tonos neutros y apagados, con algún acento de color estratégico.
El calzado es otro de los puntos críticos. Las editoras coinciden en que los zapatos planos de diseño, las botas de caña media o las sandalias de estilo minimalista son las opciones más acertadas. Se trata de evitar los tacones altos, que resultan poco prácticos para recorrer los grandes espacios feriales, pero sin renunciar a la elegancia. En cuanto a los complementos, los bolsos estructurados de tamaño medio y las joyas discretas —mejor si son piezas de autor o vintage— completan el conjunto sin robar protagonismo al arte.
La influencia de Frieze en el mundo de la moda va más allá de lo que se ve en sus pasillos. La feria se ha convertido en una plataforma para diseñadores emergentes y firmas de nicho que encuentran en este público un escaparate ideal. No en vano, muchas marcas programan sus desfiles o presentaciones coincidiendo con la feria, conscientes de que la atención mediática y el perfil de los asistentes multiplican el impacto. Esa simbiosis entre arte y moda ha llevado a que las revistas especializadas sigan con lupa cada edición, analizando no solo las obras expuestas, sino también los estilismos de los invitados.
Para quienes planean asistir a la próxima edición, las editoras de Elle insisten en una idea: la autenticidad por encima de la tendencia. El estilo en Frieze no se trata de seguir un manual rígido, sino de adaptar el propio gusto personal a un contexto que exige cierta dosis de sofisticación sin esfuerzo. Prendas bien cortadas, materiales de calidad y una actitud relajada pero atenta son los mejores aliados. Al fin y al cabo, en un entorno donde el arte es el protagonista, la moda debe acompañar sin gritar.
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