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Expertos en longevidad: las personas más longevas no hacen ejercicio, se mueven sin darse cuenta

Dan Buettner, investigador de las Zonas Azules, señala que la clave para una vida larga no está en el gimnasio sino en el movimiento constante integrado en la rutina diaria, como ocurre en barrios de Madrid donde cada desplazamiento implica un paseo.

Expertos en longevidad: las personas más longevas no hacen ejercicio, se mueven sin darse cuenta
Expertos en longevidad coinciden: “La gente que vive más no hace ejercicio, vive en zonas como Madrid donde cada desplazamiento es un paseo»
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Durante años, la recomendación general para prolongar la vida ha sido clara: hay que hacer ejercicio, y cuanto más intenso, mejor. Ir al gimnasio, correr o entrenar en casa se ha convertido en la referencia habitual cuando se habla de salud. Sin embargo, un creciente número de expertos en longevidad defiende justo lo contrario. El investigador Dan Buettner, conocido por sus estudios sobre las denominadas Zonas Azules, sostiene que las personas más longevas del mundo no siguen planes de entrenamiento ni pasan horas haciendo deporte. Su día a día es mucho más sencillo, pero también más constante. La clave, según explica, no reside en el ejercicio puntual, sino en el movimiento continuo e integrado en la vida cotidiana.

Las Zonas Azules no son un único lugar, sino varios puntos del planeta donde vivir muchos años es algo bastante más habitual de lo normal. Buettner ha estudiado estas zonas, que van desde Okinawa, en Japón, hasta Cerdeña o Ikaria, para intentar entender qué tienen en común. Y lo curioso es que, pese a estar en países muy distintos, el estilo de vida se parece bastante. Estas personas comen de forma sencilla, se mueven más de lo que parece y mantienen relaciones sociales activas. A partir de ahí surge una de las ideas que más repite el investigador: «La gente que vive más no entrena como tal. Simplemente, se mantiene en movimiento casi todo el día sin planteárselo demasiado».

Buettner insiste en que el error está en cómo entendemos la actividad física. No se trata tanto de hacer una hora de deporte al día como de moverse constantemente. En sus propias palabras, estas personas «no hacen ejercicio, pero viven en entornos donde cada desplazamiento supone un paseo». Es decir, no utilizan tantas comodidades mecánicas, sino que caminan más y realizan tareas cotidianas que implican movimiento. Esto se traduce, sin buscarlo, en cifras bastante altas de actividad diaria. Se estima que muchas de estas personas caminan entre 10.000 y 12.000 pasos al día, pero no porque se lo propongan, sino porque su estilo de vida lo facilita.

Llevado a una ciudad como Madrid, el concepto se entiende bastante bien. Hay barrios donde moverse a pie es lo habitual. Ir a comprar, al trabajo, quedar con alguien o simplemente dar un paseo forma parte del día a día. Zonas como Malasaña, Chamberí o el entorno de El Retiro invitan precisamente a eso: a caminar sin pensarlo demasiado. Ese tipo de entorno urbano favorece lo que Buettner llama «movimiento natural». No hace falta ir al gimnasio si, casi sin darte cuenta, estás sumando actividad a lo largo de toda la jornada.

Más allá de la teoría, Buettner suele señalar dos prácticas muy concretas que ayudan a incorporar ese movimiento diario y que son perfectamente compatibles con una ciudad como Madrid: caminar y cuidar un jardín o huerto. Caminar es, probablemente, la más evidente. Según el investigador, un paseo diario puede aportar gran parte de los beneficios de entrenamientos mucho más exigentes. No sustituye completamente al ejercicio, pero sí cubre una parte importante de sus efectos sobre la salud. La jardinería, por su parte, es menos evidente, pero también muy completa. Obliga a agacharse, levantarse, cargar peso, desplazarse… movimientos pequeños, pero continuos. Además, tiene un componente añadido: reduce el estrés y favorece el contacto con alimentos frescos, algo que también aparece en las Zonas Azules.

Uno de los mensajes que más repite Buettner es que la longevidad no se construye a base de esfuerzos puntuales. No se trata de hacer deporte durante una hora y pasar el resto del día sin moverse. El enfoque es otro: integrar la actividad en la vida diaria. Caminar más, moverse más, evitar en lo posible la vida sedentaria. Eso no significa que el ejercicio no sea útil. Lo es. Pero, según estos estudios, no es el factor principal que explica por qué algunas personas viven más que otras.

El movimiento no es el único elemento que comparten las personas más longevas. La alimentación también juega un papel importante. En las Zonas Azules predomina una dieta basada en productos vegetales poco procesados. Las legumbres, por ejemplo, son uno de los alimentos más habituales. Buettner destaca especialmente el consumo de lentejas, garbanzos o alubias, junto con cereales integrales, verduras, hortalizas y frutos secos. En conjunto, estos alimentos aportan la mayor parte de las calorías en estas comunidades. No se trata de una dieta estricta, sino de un patrón que se repite de forma natural. En definitiva, la longevidad no depende del gimnasio, sino de un entorno que fomente el movimiento constante, una alimentación sencilla y unas relaciones sociales activas. Madrid, con sus barrios peatonales y su cultura de paseo, ofrece un ejemplo cercano de cómo integrar la salud en la rutina sin apenas darse cuenta.