Una montaña de 60.000 toneladas de ropa abandonada crece en el desierto de Atacama
Una acumulación de más de 60.000 toneladas de ropa procedente de Europa crece cada año en el desierto de Atacama, en Chile, y ya es visible desde satélite. El vertedero de Alto Hospicio evidencia el impacto de la moda rápida y suma un litigio contra el Estado chileno.

El vertedero textil improvisado en el desierto de Atacama, cerca de la localidad chilena de Alto Hospicio, acumula más de 60.000 toneladas de prendas abandonadas, una cifra que sigue creciendo cada año y que ya puede apreciarse en imágenes de satélite. La mancha de residuos, según la aplicación SkyFi, se ha convertido en uno de los símbolos más visibles del impacto ambiental de la moda rápida.
Cada año llegan al puerto de Iquique, en la costa norte de Chile, más de 60.000 toneladas de ropa procedente de Europa y de otras regiones del planeta. Buena parte de esa mercancía entra sin pagar impuestos porque Iquique forma parte de las zonas francas chilenas. Desde allí, los cargamentos se trasladan a la zona franca de Alto Hospicio, donde se distribuyen hacia otros países de Latinoamérica. Sin embargo, una gran cantidad de prendas no encuentra salida comercial y, al no asumir nadie los costes de gestión, acaba abandonada en pleno desierto.
Los análisis de la ONG Ekō y del colectivo chileno Desierto Vestido han identificado entre las prendas etiquetas de Old Navy, H&M, Adidas, Levi's, Zara, Hugo Boss, Under Armour, Tommy Hilfiger y Nike. El problema no se limita al abandono: en ocasiones la ropa se quema para facilitar su eliminación, lo que contamina el suelo, puede afectar a las aguas subterráneas y libera sustancias nocivas al aire. Bastian Barria, uno de los fundadores de Desierto Vestido, relata que tras algunos incendios queda sobre la superficie una capa oscura similar al petróleo endurecido, pero formada por tejidos derretidos durante la combustión.
Las autoridades temen además los efectos sobre la salud de la población. Muchas prendas contienen poliéster, un material derivado del petróleo que al arder libera compuestos contaminantes. Los humos llegan hasta las zonas habitadas y algunos vecinos aseguran sufrir molestias respiratorias. El alcalde de Alto Hospicio, Patricio Ferreira, denuncia una situación que se prolonga desde hace años: «Nos sentimos abandonados. Sentimos que nuestra tierra ha sido sacrificada. Somos el basurero del mundo y todavía no existe una solución real para este problema», declaró a la AFP. «En internet, cuando buscas Alto Hospicio, aparecen vídeos que dicen que aquí está el lugar más feo del mundo», añadió.
La crisis supera las fronteras chilenas. Un informe difundido en enero de 2026 situó en entre 120.000 y 180.000 toneladas la ropa usada que recibe cada año el puerto de Iquique, lo que convierte a Chile en el cuarto mayor importador mundial de prendas de segunda mano. Este flujo comercial, impulsado por el consumo global y la rápida renovación de colecciones, ha transformado un negocio lucrativo en uno de los mayores desafíos ambientales del siglo XXI.
El caso llegó a los tribunales. El Primer Tribunal Ambiental de Antofagasta determinó que el Estado chileno incurrió en responsabilidad por omisión al no prevenir ni controlar durante años la acumulación ilegal de residuos textiles en terrenos fiscales de Alto Hospicio. La sentencia ordenó crear un plan de reparación ambiental con una duración de diez años, aunque la decisión aún no es firme: el Consejo de Defensa del Estado presentó una apelación ante la Corte Suprema y el desenlace sigue pendiente.
La ONU alerta de que la humanidad genera más de 2.000 millones de toneladas de residuos al año y señala a la moda como uno de los sectores más problemáticos por su consumo de recursos y sus niveles de contaminación. En esa industria las tendencias cambian rápidamente y muchas prendas se desechan después de unos pocos usos. Según la organización, duplicar la vida útil de la ropa podría reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 44%.


