Los buques varados en Ormuz podrían propagar especies marinas invasoras por todo el mundo
Un estudio alerta de que los más de 1.500 buques retenidos en el golfo Pérsico por el bloqueo del estrecho acumulan organismos en sus cascos y podrían dispersarlos al reanudar la navegación.

El cierre del estrecho de Ormuz, la principal ruta marítima para el comercio energético mundial, mantiene retenidos a unos 1.500 buques en el golfo Pérsico y a varios cientos más en el golfo de Omán. Un equipo internacional de 24 científicos advierte ahora de que esos barcos, inmovilizados durante meses, se han convertido en criaderos flotantes de organismos marinos que podrían dispersarse por todos los océanos cuando la navegación se reanude.
El estudio, publicado en la revista Biological Invasions y liderado por el Centro de Ciencias Ambientales de la Universidad de Maryland y la Institución Oceanográfica Woods Hole, describe lo que sus autores denominan un posible evento de superpropagación de bioinvasiones. Durante los prolongados periodos de fondeo, los cascos de los barcos acumulan algas, percebes, mejillones y otros invertebrados. Esa acumulación, conocida como bioincrustación, podría convertir a la flota varada en un vector de especies invasoras en todos los océanos.
El estrecho de Ormuz permanece bloqueado desde finales de febrero de 2026, más de cinco meses después del estallido del conflicto entre Estados Unidos e Irán. La vía es esencial para exportadores de petróleo como Arabia Saudita, Irán, Irak, Kuwait y los Emiratos Árabes Unidos. Los investigadores subrayan que la duración y la escala de esta inmovilización no tienen precedentes y coinciden con la época del año en la que los organismos marinos registran un mayor crecimiento y capacidad reproductiva.
La bioincrustación comienza con una fina película de microorganismos y limo sobre el casco. Con el paso de las semanas, esa capa inicial da paso a algas, percebes, pequeños crustáceos y organismos con concha que se adhieren a la superficie. Carolyn Tepolt, bióloga del Woods Hole especializada en evolución y expansión de especies marinas invasoras, explicó que muchas de estas especies pueden adaptarse con rapidez a nuevos entornos y colonizar ecosistemas. «Las especies marinas invasoras tienen profundas repercusiones ecológicas y económicas en las costas de todo el mundo, y son extremadamente difíciles, si no imposibles, de erradicar una vez establecidas», señaló. «Esta interrupción del transporte marítimo mundial tiene muchas repercusiones y, además, ha creado, de forma más silenciosa, las condiciones ideales para la propagación de especies de aguas cálidas».
La Organización Marítima Internacional recomienda que los buques que permanezcan inactivos durante más de 30 días adopten medidas para eliminar la bioincrustación antes de volver a navegar. Muchas de las embarcaciones retenidas llevan meses sin movimiento, lo que multiplica el riesgo. Además, el problema no es solo ecológico. Diversos estudios citados por la OMI indican que una fina película de limo puede aumentar las emisiones de gases de efecto invernadero entre un 20% y un 25%, mientras que una acumulación moderada de percebes puede elevar el consumo de combustible y las emisiones en más de un 50%. Según el organismo, alrededor del 10% del combustible utilizado por la flota mercante mundial se destina únicamente a compensar la mayor resistencia al avance provocada por la bioincrustación.
El transporte marítimo ha sido durante décadas la principal vía de propagación de especies marinas invasoras. En el pasado, organismos adheridos a los cascos y procedentes de la región del golfo ya han causado daños ambientales importantes. Hay casos documentados de almejas y gusanos que colonizaron los océanos Atlántico y Pacífico, desplazando a la fauna autóctona y afectando a infraestructuras portuarias. Uno de los ejemplos más conocidos es el mejillón verde asiático, originario de las aguas tropicales de los océanos Índico y Pacífico y también presente en el golfo, que se ha expandido hasta el Caribe y el Atlántico Sur, donde ha desplazado a poblaciones locales de mejillones y alterado los ecosistemas.
Ante este escenario, los autores piden a navieras, autoridades portuarias, organismos reguladores y responsables ambientales que refuercen las medidas de control de la bioincrustación, intensifiquen la vigilancia en los puertos con mayor riesgo, mejoren el seguimiento de los movimientos de los buques y coordinen respuestas internacionales rápidas. El objetivo es evitar que la reanudación del comercio convierta la crisis del estrecho de Ormuz en una crisis ecológica global de larga duración.


