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La IA en China obliga a los titulados a aceptar trabajos de baja categoría

El desarrollo de la inteligencia artificial está empujando en China a personas con estudios universitarios a aceptar trabajos de baja categoría, un fenómeno que anticipa un cambio global en el mercado laboral.

La IA en China obliga a los titulados a aceptar trabajos de baja categoría
La situación en China preocupa: el desarrollo de la IA está obligando a personas con títulos universitarios a aceptar trabajos de baja categoría
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El avance de la inteligencia artificial está empujando en China a personas con estudios universitarios a aceptar trabajos de baja categoría, una transformación del mercado laboral que empieza a generar preocupación más allá de sus fronteras. El país asiático, que concentra buena parte de las fábricas del mundo, afronta un escenario en el que los puestos cualificados y bien remunerados resultan cada vez más difíciles de encontrar para los jóvenes, mientras las máquinas asumen tareas que hasta ahora dependían de la mano humana.

La situación se percibe como la antesala de un cambio de tendencia esencial. Con una población en aumento y un tejido productivo muy dependiente de la industria, que un mercado laboral tan complejo como el chino entre en crisis supone un desafío de primer orden. Los trabajadores con formación superior se ven relegados a un segundo plano y aceptan empleos peor pagados, en un contexto en el que una máquina puede realizar el mismo trabajo que una persona a un coste casi nulo para la empresa.

El impacto no es exclusivo de China. El Fondo Monetario Internacional ha señalado que la inteligencia artificial afectará al 40% de los puestos de trabajo en todo el mundo, tanto sustituyendo unos como complementando y creando otros nuevos. A diferencia de oleadas anteriores de automatización, esta tecnología también transforma empleos de alta preparación o cualificación. El organismo calcula que en las economías avanzadas hasta seis de cada diez empleos se verán condicionados, mientras que en las emergentes la cifra llegará al 40% y en los países de bajos ingresos al 26%.

La Organización Internacional del Trabajo advierte en su informe «Generative AI and Jobs: A global analysis of potential effects on job quantity and quality» de que los efectos de la llegada de la IA a los puestos administrativos afectarán en particular a las mujeres, debido a la alta tasa de empleo femenino en ese sector laboral. Al mismo tiempo, el organismo apunta a un escenario más favorable de lo que cabría temer: la IA complementará puestos de trabajo en lugar de destruirlos de forma masiva.

En España, la influencia de la IA también se deja notar. Según datos del pasado año y del informe sobre el talento en inteligencia artificial elaborado por Indesia, un 20% de las ofertas de empleo relacionadas con datos e IA no se cubrieron por falta de profesionales con especialización. La dificultad no es solo encontrar trabajo, sino encontrar personas formadas para los nuevos puestos que está creando la tecnología.

Randstad ha publicado un informe sobre la evolución del empleo en los últimos dos años con una proyección hasta 2033. Según ese documento, los sectores más afectados por la automatización serán los ligados al comercio, la hostelería y el transporte. En el extremo opuesto, los empleos mejor protegidos se encuentran en la agricultura, la ganadería y la pesca, las actividades asociativas, las industrias extractivas y la construcción. Entre medias aparece un tercer grupo con creación de perfiles nuevos, formado por las empresas de programación y consultoría, las actividades científicas y técnicas, las telecomunicaciones, los medios de comunicación y las publicaciones.

Para quienes buscan trabajo cualificado, la información disponible dibuja un panorama doble. Por un lado, la inteligencia artificial elimina empleos rutinarios y abarata tareas que antes exigían contratar a una persona. Por otro, abre espacios para nuevos perfiles que van más allá del desarrollador de software. La formación especializada y la capacidad de adaptación de los trabajadores resultan decisivas para responder a ese doble movimiento, tanto en China como en el resto del mundo.

El caso chino, por su escala y por el peso de su industria, puede ser un anticipo de lo que ocurra en otros países. La preocupación no se limita a los titulados que ahora aceptan trabajos de baja categoría: afecta a la estructura misma del mercado laboral y obliga a repensar qué empleos se consideran valiosos y cómo se distribuye el trabajo en una economía cada vez más automatizada.