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Muere el guitarrista flamenco Pepe Habichuela a los 82 años en Madrid

El guitarrista flamenco José Antonio Carmona Carmona, Pepe Habichuela, ha fallecido en Madrid a los 82 años a causa de una enfermedad pulmonar. Considerado una de las figuras más influyentes de la guitarra flamenca contemporánea, fue clave junto a Enrique Morente en la renovación del género.

Muere el guitarrista flamenco Pepe Habichuela a los 82 años en Madrid
Muere el guitarrista flamenco Pepe Habichuela a los 82 años
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El guitarrista flamenco José Antonio Carmona Carmona, conocido artísticamente como Pepe Habichuela, ha fallecido este martes en Madrid a los 82 años a causa de una enfermedad pulmonar. Considerado una de las figuras más influyentes de la guitarra flamenca contemporánea, su muerte deja un vacío irreparable en el mundo del flamenco, donde era admirado tanto por su maestría con el instrumento como por su carácter innovador y su generosidad artística.

Nacido en Granada en 1944 en el seno de una conocida dinastía de artistas, Pepe Habichuela creció entre las cuestas del Sacromonte, donde desde niño subía arrastrando su guitarra para ganarse algunas monedas en las zambras, las populares fiestas flamencas de las cuevas del barrio. Su hermano mayor, Juan, fue quien le llamó desde Madrid para que ocupara su lugar en el tablao Torres Bermejas antes de embarcarse en una gira internacional. Fue allí, codeándose con los grandes artistas del momento, donde se labró su reputación como profesional y se ganó el cariño de todos los que le rodeaban.

Pepe Habichuela pertenecía a la mítica saga de tocaores granadinos, una familia cuyo poderoso y único rasgueo, capaz de hacerse oír en las bulliciosas zambras y en los tablaos, era su elemento diferencial. Sin embargo, había mucho más en sus guitarras, una musicalidad que combinaba la flamencura más profunda con una curiosidad insaciable por otras músicas, lo que le convirtió en un adelantado del mestizaje. Fruto de esta inquietud fueron sus históricas colaboraciones con artistas internacionales de la talla del trompetista Don Cherry, que decía que su guitarra era «un árbol llorando», o el bajista Jaco Pastorius; especialmente fructífera fue su relación con el contrabajista Dave Holland, con quien giró durante varios años por los mejores festivales de jazz.

Su carrera dio un giro decisivo a mediados de los años setenta, cuando decidió abandonar el sueldo fijo del tablao para unirse a otro granadino, el cantaor Enrique Morente, en una aventura que pretendía darle tres vueltas al flamenco. «Me he partido los cuernos yendo todos los días a casa de Enrique a trabajar», confesó en una entrevista el año pasado. El resultado de aquellos meses de trabajo, mientras su mujer, la bailaora Amparo Bengala, mantenía la casa con su sueldo en Torres Bermejas, fueron dos discos publicados en 1977:Homenaje a don Antonio ChacónyDespegando. Con ellos, Enrique Morente y Pepe Habichuela se consolidaron como una de las parejas más decisivas en la actualización y evolución del flamenco, a pesar del ambiente hostil de lo jondo, que rechazaba de pleno los caminos de la experimentación.

Tras acompañar a Morente en sus primeras incursiones jondas, Pepe Habichuela inició una carrera en solitario que se consagró conA Mandeli, el primer disco flamenco del sello Nuevos Medios y con el que se estrenaba la denominación Jóvenes Flamencos, que tan de moda se puso posteriormente. Durante la grabación de aquel trabajo, Pepe comentó al responsable del sello, Mario Pacheco, que había unos chavales que estaban haciendo un flamenco fresco que merecía la pena. Eran los Ketama, grupo formado por su hijo Josemi Carmona y sus sobrinos, y aquel golpe de nepotismo visionario impulsó a la banda que puso a bailar a toda España en los años noventa. La curiosidad y la libertad creativa que le daba Nuevos Medios le permitieron tejer una de las carreras más internacionales del flamenco, con el apoyo incondicional y discreto de su hijo Josemi.

Uno de los hitos de esa carrera fueYerbabuena(2001), su disco en colaboración con la orquesta india Bollywood Strings. El álbum, que abría con la rumbaOriente, suena todavía actual y fresco un cuarto de siglo después y ejemplifica a la perfección el espíritu del músico granadino, en el que convivían la musicalidad, la flamencura y el mestizaje. La letra de esa canción, grabada hace veinticinco años, suena hoy a epitafio y a manifiesto sobre su manera de estar en el mundo: «En la calle La Alegría donde se pasea mi alma, unos cantan y otros bailan y yo hablo con mi guitarra, y el ritmo me llega / Alegría que sale de mí, habla al corazón, huele a Yerbabuena».

El reconocimiento público de Pepe Habichuela llegó en vida, como él mismo merecía. Músicos de muy distintas disciplinas le rindieron homenaje durante tres días consecutivos en el Circo Price de Madrid, y el Festival Flamenco On Fire de Pamplona le nombró, desde su primera edición, embajador perpetuo, aunque él prefería llamarse con su característico humor «el embajador del flamenco». El ministro de Cultura José Guirao le concedió la Medalla de Oro del Mérito a las Bellas Artes, una distinción que el Gobierno actual elevó recientemente a la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio, la más alta distinción de la cultura española. El verano pasado, el mundo del flamenco le brindó un emocionante tributo en las Noches del Botánico de Madrid, uno de los tantos gestos de agradecimiento que recibió por toda España. Hace pocos meses, su amigo Dave Holland se dejó caer por su casa en el barrio de Lucero para despedirse de él, y los abrazos y las sonrisas volvieron a sortear las barreras de la comunicación, con la ayuda de algún nieto y de la fotógrafa alemana Anya Bartels Suermont. La leyenda del maestro Pepe Habichuela, que ya había comenzado en vida, queda ahora para siempre ligada a la historia más profunda y libre del flamenco.